Ciencia

1.500 barcos varados en Ormuz: la plaga ecológica que se viene cuando zarpen

Más de 1.500 buques llevan seis meses inmóviles en el Golfo Pérsico. Cuando el estrecho se abra, llevarán especies invasoras a puertos de todo el mundo, desde Algeciras hasta Singapur. Un riesgo ecológico y económico que ya tiene precedentes históricos.

Publicado el 26 de julio de 2026, 16:05 hs

Barcos mercantes varados en el estrecho de Ormuz cubiertos de bioincrustaciones marinas
Xataka — Tecnología en Español

El pasado 2 de marzo de 2026 el estrecho de Ormuz se cerró oficialmente. Casi seis meses después, más de 1.500 buques mercantes grandes siguen inmóviles en la zona del Golfo. No es un atasco cualquiera: es una bomba de tiempo ecológica que está a punto de explotar.

Lo normal es que un barco grande pase entre uno y tres días parado en un puerto. Estos llevan 40 veces más tiempo. Según un estudio de 24 investigadores internacionales, eso dispara la bioincrustación: algas, mejillones, larvas y todo tipo de organismos se pegan al casco como si fuera una pared fija. A partir de los 10 días quieto, el crecimiento se acelera de forma exponencial.

La Organización Marítima Internacional es clara: cuando un buque pasa de los 18-30 días inactivo, el riesgo de bioinvasión se vuelve notable. Hoy hay más de un millar de barcos superando ampliamente ese umbral. Y cuando el estrecho se abra y retomen sus rutas habituales, van a esparcir esas especies no autóctonas por todo el planeta.

Los primeros puertos en la mira son Jeddah, Bombay, Colombo y Singapur hacia el este, y Alejandría, El Pireo, Algeciras y Róterdam hacia el oeste. La mala noticia es que sus condiciones ambientales son parecidas a las del Golfo, lo que facilita que estas especies invasoras se establezcan con éxito.

El impacto puede ser devastador. Desplazan fauna nativa, actúan como reservorios de patógenos y parásitos, y pueden generar pérdidas económicas millonarias en pesca, acuicultura y ecosistemas costeros. No es ciencia ficción: ya pasó antes.

Durante la Segunda Guerra Mundial, buques neozelandeses retenidos en puertos ingleses trajeron el percebe australasiático Austrominius modestus, que terminó colonizando buena parte de Europa occidental. Más cerca en el tiempo, el cierre de seis días del Canal de Suez en 2021 también generó alertas de bioseguridad. Esta vez la escala es mucho mayor.

En España ya estamos sintiendo las consecuencias indirectas del cierre: suba de los combustibles y medidas del Gobierno para mitigar el impacto. Pero cuando los barcos zarpen, el problema va a llegar también por mar. Algeciras, uno de los puertos más importantes del Mediterráneo, está justo en la lista de alto riesgo.

¿Se puede evitar? Los investigadores proponen varias medidas concretas: limpieza subacuática de los cascos antes de que salgan, anticipar las rutas para alertar a los puertos de destino, monitorización con pruebas de ADN ambiental en los puntos calientes y coordinación internacional para generar alertas tempranas.

El problema es que todo eso suena lógico sobre el papel, pero en la práctica pinta complicado. La capacidad para limpiar 1.500 cascos en poco tiempo es limitada, la urgencia por reactivar el comercio global va a primar y las tripulaciones también necesitan ser evacuadas o rotadas. La limpieza subacuática masiva parece poco probable.

Ojo con esto: el estudio no se basa en muestreo real de estos barcos específicos, sino en modelos y precedentes históricos. Es una predicción bien fundamentada, pero todavía estamos a tiempo de reaccionar. El estrecho muestra algunos atisbos de posible apertura y hay rutas alternativas como el bypass por el desierto de los Emiratos que algunos países ya están probando.

La pregunta es si la comunidad internacional va a tomarse en serio la bioseguridad marítima antes de que los barcos empiecen a moverse. Porque una vez que las especies invasoras lleguen y se establezcan, sacarlos del agua es casi imposible. Y el costo, tanto ecológico como económico, lo vamos a pagar todos.

En un mundo que ya viene golpeado por el cambio climático y la pérdida de biodiversidad, agregar una ola masiva de bioinvasiones no es un lujo que nos podamos permitir. Vamos por partes: primero hay que abrir el estrecho, sí, pero con los ojos bien abiertos sobre lo que viaja debajo de la línea de flotación.

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