Por qué prohibir las exportaciones de diésel en EE.UU. podría subir el precio en vez de bajarlo
Trump evalúa cortar las ventas al exterior para calmar a los agricultores que pagan 6,52 dólares por galón. Especialistas advierten que la medida reduciría la producción y agravaría la crisis de precios.
El martes pasado, antes de reunirse con Volodymyr Zelensky, Donald Trump lanzó la idea de prohibir las exportaciones de diésel de Estados Unidos. Lo hizo en rueda de prensa y lo justificó como una forma de bajar el precio interno, que ya toca récords. La presión viene fuerte de senadores republicanos de estados agrícolas como Chuck Grassley, que ve cómo el diésel a 6,57 dólares por galón en Iowa está matando la rentabilidad de los productores de maíz y soja.
El galón de diésel cerró este miércoles a 6,52 dólares según la American Automobile Association. El impacto se siente en transporte, logística, construcción y, sobre todo, en el campo. De ahí que la propuesta suene atractiva para un sector que representa votos importantes a menos de siete semanas de las elecciones de mitad de mandato.
Sin embargo, las principales voces del sector petrolero estadounidense están en contra. Tanto la American Fuel & Petrochemical Manufacturers (AFPM) como el American Petroleum Institute (API) advierten que la medida no solo no resolvería el problema, sino que podría agravarlo.
El argumento central es sencillo: una refinería no produce diésel solo para el mercado interno. Si de repente pierde los clientes de exportación y la demanda doméstica no absorbe el volumen sobrante, se queda sin lugar rentable para almacenar o vender ese excedente. En ese caso, la refinería reduce su actividad o baja la producción. Menos diésel en el mercado, precios más altos. Exactamente lo contrario de lo que se busca.
Estados Unidos es el principal exportador mundial de diésel. Con Rusia restringiendo exportaciones tras los ataques ucranianos a sus refinerías y China aplicando medidas similares, el mercado global ya está tensionado. Si EE.UU. se retira como proveedor, América Latina y Europa —sus principales compradores— enfrentarían una presión alcista adicional en un momento en el que los precios ya están en máximos históricos por los conflictos en Ucrania e Irán.
Para los analistas del API, los precios del combustible no se fijan en un vacío nacional. Están atados al mercado mundial. Cortar exportaciones no aísla mágicamente la economía estadounidense del resto del planeta.
La Casa Blanca ya salió a desmentir a medios que daban por hecho un embargo de 90 días. Pero el ruido sigue. La popularidad de Trump está baja y la inflación por combustibles es un tema que duele en el electorado rural. La tentación de tomar una medida visible, aunque sea de dudosa efectividad técnica, es alta en año electoral.
El veredicto de la industria es claro: antes de cortar exportaciones habría que analizar el impacto real en la capacidad de refinación. Porque si el remedio termina reduciendo la oferta total, el agricultor de Iowa que hoy paga 6,52 dólares por galón podría terminar pagando aún más el año que viene.
La pregunta que importa es si alguien en la administración está haciendo los números completos o si esto es solo un gesto político con disfraz de solución energética.