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Cuando Lenin se topó con “El Monederos”: el día que casi le secuestran y roban el Rolls-Royce

Un gánster moscovita llamado Yákov Kuznetsov asaltó el auto del líder bolchevique en 1919 sin saber quién era. La anécdota, casi un quiebre de la Historia, revela el caos criminal de la Rusia posrevolucionaria.

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Cuando Lenin se topó con “El Monederos”: el día que casi le secuestran y roban el Rolls-Royce
Xataka — Tecnología en Español

Un gélido día de Reyes de 1919, Vladímir Ilich Lenin dejó el Kremlin para visitar a su esposa Nadia Krúpskaya, que estaba enferma. Viajaba en uno de sus nueve Rolls-Royce, un flamante modelo negro, acompañado por su hermana Mariya y su guardaespaldas Iván Chabanov.

En un camino apartado de Moscú se toparon con lo que parecía un control de seguridad. Un grupo de hombres con uniformes les dio el alto. Chabanov desconfió, pero Lenin insistió en que debían obedecer como cualquier otro ciudadano. Cuando bajaron la ventanilla, se encontraron con un tipo de unos 29 años, cara curtida por el destierro siberiano y una sonrisa que parecía un tajo.

— ¿Qué sucede? Soy Lenin. — ¿Y qué si sos Lenin? —le contestó el otro sin inmutarse—. Yo soy “El Monederos” y mando en esta ciudad cuando anochece.

Yákov Kuznetsov, conocido en el hampa como “El Monederos”, era un ladrón veterano con más de diez condenas a cuestas. No tenía la menor idea de quién era el hombre que tenía enfrente ni le importaba. Solo quería el coche para seguir cometiendo atracos. Obligaron a los tres a bajarse, les sacaron unos papeles, la pistola del guardaespaldas y los dejaron tirados en plena ventisca.

Cuando sus compinches revisaron los documentos, se dieron cuenta de a quién acababan de robar. Decidieron volver para secuestrar a Lenin y pedir rescate. Pero Chabanov, anticipándose, ya había apartado al líder y a su hermana del camino principal y los escondió. El plan de los bandidos falló.

Ese episodio, contado por el historiador Mark Galeotti en su libro Vory: la ley del crimen y antes por Vitali Shentalinski, muestra el nivel de inseguridad que había en Rusia después de la Revolución. Hacia 1918 los índices de atracos y asesinatos se habían multiplicado entre diez y quince veces respecto a la preguerra.

La Checa, la policía política fundada por Feliks Dzerzhinski, lanzó una enorme cacería para capturar a Kuznetsov. El bandido, con buenos contactos en los bajos fondos, logró evadirlos durante meses. Su suerte se terminó en julio de ese mismo año, cuando cayó acribillado a balazos.

La anécdota quedó registrada en los archivos de la KGB, entre los expedientes de escritores como Isaak Bábel y Mijaíl Bulgákov. También ilustra la relación ambigua que el propio régimen bolchevique tuvo con parte del mundo criminal: al señalar solo a los “delincuentes comunes” como enemigos, dejó una puerta entreabierta a otros que, en la práctica, terminaron tejiendo lazos que años después darían forma a los famosos vory v zakone.

Lenin sobrevivió a aquel encuentro y siguió adelante con su proyecto. “El Monederos”, en cambio, pasó a la historia como el tipo que casi cambia el rumbo del siglo XX sin tener la más mínima idea de a quién estaba asaltando.

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