Ibiza: el pueblo que quiere dejar la fiesta hooligan por el lujo y se queda sin vivienda asequible
Sant Antoni de Portmany busca reinventarse con hoteles de cinco estrellas y un cambio de imagen, pero el precio de la vivienda se ha disparado y sus habitantes enfrentan una crisis residencial cada vez mayor.
Sant Antoni de Portmany, en la costa oeste de Ibiza, es uno de esos lugares que condensan en pocos kilómetros el sol, las playas y el dilema del modelo turístico. Con poco más de 29.000 habitantes, el municipio intenta sacudirse la fama de destino de excesos y borracheras para atraer un turismo de mayor nivel. El resultado hasta ahora: precios de vivienda que ya están fuera del alcance de muchos de sus propios vecinos.
El alcalde Marcos Serra lo ha repetido en varias entrevistas: el pueblo se está reinventando. La estrategia pasa por renovar el parque hotelero, abrir establecimientos de lujo y diversificar la oferta hacia la cultura, la gastronomía y paisajes más tranquilos. En los últimos años se inauguraron varios hoteles de cinco estrellas, como el OKU en 2021, y se reforzó la presencia de cuatro estrellas. Además, en la famosa zona de West End, conocida por su ambiente nocturno, se instaló un gran mural del artista Okuda San Miguel y se lanzaron ayudas para que los locales de fiesta se transformen en comercios o restaurantes más amables.
Estos cambios no son solo palabras. En 2025 el ayuntamiento impulsó un bulevar peatonal en el centro y medidas para reconvertir la Zona de Protección Acústica Especial. El objetivo es claro: mejorar la convivencia entre residentes y visitantes y dejar atrás la imagen de “meca del turismo hooligan”.
Sin embargo, el mayor problema que enfrentan los habitantes no es el tipo de turista que llega, sino el precio que tienen que pagar para vivir allí. Según datos de Pisos.com, Sant Antoni está entre las 25 localidades más caras de España, con un precio medio de 7.110 euros por metro cuadrado. Los portales inmobiliarios muestran subidas interanuales que superan el 16% en algunos casos, y el alquiler medio mensual ronda los 1.000 euros, llegando a más de 1.300 en los contratos más recientes.
Esta situación no es exclusiva de Sant Antoni. Toda Ibiza sufre la presión del turismo sobre el mercado residencial, y en muchos casos los trabajadores del sector (camareros, personal de hoteles y restaurantes) terminan viviendo en caravanas o compartiendo pisos en condiciones precarias. El intento de atraer turismo de lujo, que incluye incentivos del Gobierno balear desde 2020 para modernizar alojamientos, parece estar agravando el problema en lugar de aliviarlo.
Un vecino consultado por elDiario.es lo resumía con claridad: si el pueblo se vuelve completamente “instagrameable” y premium, es probable que los precios sigan subiendo. El dilema es complejo. Cambiar la imagen asociada a excesos es necesario para muchos, pero hacerlo sin proteger el acceso a la vivienda para quienes viven y trabajan allí resulta cada vez más complicado.
Mientras tanto, Sant Antoni sigue apostando por ese cambio. La pregunta que queda abierta es si la reconversión logrará equilibrar el turismo con la vida cotidiana de sus habitantes o si, como en otros enclaves costeros, el precio de la vivienda terminará siendo el verdadero filtro que decida quién puede quedarse en el pueblo.