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Esther Bastida y Proba-3: la científica de la ESA que genera 4.000 eclipses artificiales por año

La misión de dos satélites de la Agencia Espacial Europea crea eclipses artificiales con precisión milimétrica para estudiar la corona solar sin depender de eventos naturales. Hablamos con la científica española Esther Bastida sobre cómo funciona, el incidente de febrero de 2026 y el rol clave de la industria argentina y española.

Publicado el 15 de agosto de 2026, 02:20 hs

Esther Bastida y Proba-3: la científica de la ESA que genera 4.000 eclipses artificiales por año
Xataka — Tecnología en Español

La corona solar, esa capa de gas extremadamente caliente que rodea al Sol, suele quedar oculta por el brillo abrumador de la estrella. Solo durante un eclipse total se vuelve visible y permite estudiarla. Pero los eclipses naturales son raros, ocurren en lugares remotos y duran pocos minutos. Por eso la misión Proba-3 de la ESA es un antes y un después.

La científica española Esther Bastida, integrante del equipo, explica que con esta misión generan el equivalente a 4.000 eclipses por año. “Muchos son inaccesibles a los telescopios, por eso es tan útil generarlos artificialmente”, cuenta en conversación con El Insignia.

Proba-3 no es un solo satélite: son dos que vuelan en formación a entre 100 y 200 metros de distancia. Occulter lleva un disco que actúa como Luna artificial y tapa el Sol. Coronagraph, el segundo, observa la corona solar durante seis horas seguidas. El truco está en la precisión milimétrica con la que se alinean en el espacio, algo inédito hasta ahora.

“Tenemos cámaras en uno de los satélites que siguen un patrón de luces LED del otro. Además hay un láser que rebota entre ambos y se comunican constantemente”, detalla Bastida. Esa combinación de tecnologías permite que el “eclipse artificial” se mantenga estable el tiempo suficiente para recolectar datos de calidad.

La misión se lanzó en diciembre de 2024. Durante 2025 acumuló información equivalente a miles de eclipses naturales. Pero en febrero de 2026 apareció el primer gran susto: Coronagraph dejó de responder. Los comandos de la ESA no obtenían respuesta.

“Al principio intentamos comunicarnos repetidamente. Después nos dimos cuenta de que probablemente estaba en modo seguro, girando de manera que los paneles solares no cargaban las baterías”, explica la científica. El satélite estaba “dormido”, con temperaturas muy bajas y sin energía para transmitir.

La solución fue usar el satélite sano (Occulter) para acercarse, tomarle fotos, confirmar su posición y reorientarlo hacia el Sol. Un mes después, Coronagraph volvió a la vida. “Lo más increíble fue que el instrumento sobrevivió un mes en el espacio sin supervisión, con temperaturas extremas. Eso habla de la resiliencia del hardware y el software”, celebra Bastida.

La participación española en Proba-3 es muy fuerte. SENER es el contratista principal, Airbus fabricó las estructuras, GMV desarrolló los algoritmos de guiado, navegación y control, y Deimos Space hizo el análisis de misión. Esa experiencia española (y europea) tiene eco también en la Argentina, donde empresas como INVAP han colaborado en proyectos satelitales con la ESA y la CONAE, demostrando que la región puede aportar tecnología de alto nivel en misiones espaciales.

Los beneficios van más allá de la corona solar. La misma tecnología de formación precisa puede usarse para capturar basura espacial, reabastecer satélites en órbita o realizar maniobras autónomas en el futuro. “El problema de la basura espacial está muy presente. Estas capacidades podrían servir para acercarse, capturarlo y deorbitarlo”, señala Bastida.

Proba-3 no reemplaza del todo a los eclipses naturales. Un eclipse real permite ver la corona un poco más cerca de la superficie solar (desde menos de 0,1 radios solares). Además, sigue siendo un espectáculo que une a miles de personas, como ocurrió el 12 de agosto pasado en distintos puntos de España y América.

Pero para la ciencia, tener acceso diario y controlado a la corona cambia las reglas. Ya no hay que esperar años, viajar a lugares remotos ni depender del clima. Se puede estudiar de forma sistemática.

Esther Bastida vivió el eclipse total del 12 de agosto como cualquier otra persona: con asombro. Al mismo tiempo, forma parte del equipo que, en silencio, genera miles de eclipses artificiales desde el espacio. Esa combinación entre maravilla natural y ingeniería de precisión es, tal vez, la verdadera magia de la exploración espacial.

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