El indio que plantó un árbol por día y creó un bosque de 550 hectáreas
Jadav Payeng empezó en 1979 con apenas 20 plantitas de bambú en un banco de arena del Brahmaputra. Hoy su bosque es más grande que Central Park y alberga tigres, rinocerontes y elefantes.
En 1979, un chico de 16 años llamado Jadav Payeng vio cómo una inundación del Brahmaputra dejaba cientos de serpientes muertas de calor sobre un banco de arena sin una sola sombra. Esa imagen lo cambió todo.
Pidió ayuda para reforestar la zona y le dieron una respuesta desalentadora: solo se podía plantar bambú. Le alcanzaron unas 20 plantitas. Lo que vino después es una de las historias de restauración ambiental más impresionantes del mundo.
Hoy, a sus más de 60 años, Payeng —conocido como “Molai” o el Hombre Bosque de la India— ha convertido ese terreno erosionado en un bosque de más de 550 hectáreas. Para que te hagas una idea, es 1,5 veces el tamaño de Central Park de Nueva York. Y no es solo bambú: hay arjunas, flamboyanes, ceibas, algodoneros rojos y decenas de especies más.
El lugar, ubicado cerca de Kokilamukh en el distrito de Jorhat, Assam, es ahora hogar de tigres de Bengala, rinocerontes indios, ciervos, monos, conejos y una enorme variedad de aves. Cada año, manadas de elefantes —más de cien a la vez— lo visitan, dan a luz a sus crías y lo usan como refugio. Irónicamente, fueron esos elefantes los que en 2008 “delataron” la existencia del bosque a las autoridades, que hasta entonces no se habían enterado de nada.
Payeng empezó solo. Las autoridades locales habían intentado reforestar 200 hectáreas en la misma zona en 1980, pero abandonaron el proyecto en 1983. Él siguió. Día tras día, año tras año, recolectando semillas, plantando y cuidando. Vive en una sencilla cabaña cerca del bosque junto a su familia y se mantiene vendiendo leche de su ganado. Su objetivo sigue siendo el mismo: seguir plantando hasta el último día de su vida.
Un estudio científico publicado sobre el bosque de Molai mostró algo sorprendente: su diversidad de plantas y su capacidad de almacenamiento de carbono son similares a las de un bosque natural de la misma edad. Eso lo convierte en un ejemplo concreto de que las plantaciones mixtas bien pensadas pueden ser una herramienta real contra la erosión y las inundaciones.
La amenaza, sin embargo, no desapareció. La isla de Majuli, la más grande del mundo rodeada de ríos, sigue perdiendo tierra por la erosión del Brahmaputra. El bosque de Payeng sufre el mismo riesgo, pero su presencia ha cambiado radicalmente el paisaje y la biodiversidad de la zona.
En 2015, el gobierno indio le otorgó el Padma Shri, uno de los máximos reconocimientos civiles del país. No fue por un invento ni por un cargo político: fue por haber dedicado casi medio siglo a plantar árboles con una pala y paciencia.
La historia de Jadav Payeng es un recordatorio potente en 2026, cuando hablamos de crisis climática y deforestación. No hace falta ser una organización internacional ni tener millones de dólares. A veces alcanza con empezar con 20 plantitas y no rendirse nunca.