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Las cuevas de Mallorca se convierten en juguete de influencers: se llevan estalactitas

El turismo masivo y la falta de respeto de algunos visitantes e influencers están dañando irreversiblemente las cuevas de Mallorca, un tesoro ecológico y geológico único. Expertos advierten que romper formaciones o iluminar especies sensibles puede tener consecuencias permanentes.

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Las cuevas de Mallorca se convierten en juguete de influencers: se llevan estalactitas
Xataka — Tecnología en Español

Mallorca cuenta con más de 4.000 enclaves espeleológicos, muchos de ellos submarinos. Estas cuevas no solo son espectaculares para el turista: funcionan como laboratorio natural para reconstruir la evolución del nivel del mar, estudiar mareas y analizar comunidades biológicas únicas, como un gusano descrito recién en 2025.

El problema es que el turismo masivo las está poniendo en jaque. Aunque las cuevas abiertas al público tienen normas y guías, cada vez más gente entra sin control, rompe formaciones, se lleva “recuerdos” o ilumina con linternas a especies que pueden morir por el simple estrés lumínico. El resultado es que cuevas que antes eran secretas dejaron de serlo y hay espeleotemas rotos que ya no se van a recuperar.

Guiem Mulet, presidente de la Federación Balear de Espeleología, lo compara con un museo: “Una cueva es como un museo, vos cuando entrás en un museo no te ponés a tocar las esculturas ni los cuadros”. El mensaje es claro: lo que se rompe ahí adentro se pierde para siempre.

Los influencers y el “turismo de aventura” sin preparación son señalados como parte del problema. Hay videos donde se los ve tirándose en plancha, gritando, saltando y, en algunos casos, rompiendo estalactitas. Xisco Gràcia, de la Sociedad Espeleológica Balear, apunta que muchos de los que no respetan nada son personas que nunca habían entrado a una cueva y la tratan como si fuera una discoteca.

La gota que colmó el vaso fue la vandalización reciente de la cueva marina de Vallgornera. No es que la gente sea mala, dice Mulet, sino que por desconocimiento tocan algo, lo rompen y nadie más lo va a ver.

Las cifras dan cuenta de la presión. La isla pasó de 320.000 turistas en 1959 a más de 19 millones en 2025, y las cifras de 2026 siguen subiendo. Eso equivale a 16 visitantes por cada residente en un territorio de solo 1,25 millones de habitantes. El turismo genera un motor económico de más de 23.000 millones de euros al año, pero también saturación y daño ambiental.

Las más afectadas son las Cuevas del Drach en Porto Cristo, que reciben más de un millón de visitantes por año. La entrada cuesta 20 euros y la visita dura una hora. En la cueva de Coloms, la más popular en plataformas como GetYourGuide, aparecieron restos de velas y comida de supuestas “tardes románticas”.

Un video viral en la cuenta Mallorca Viral mostró el interior completamente abarrotado, con gente quejándose del agobio. Parte del descontrol viene de las guías piratas que arman grupos de 7 a 9 personas sin seguros ni énfasis en el respeto al entorno.

El daño no es solo mallorquín. En junio de 2025 la Guardia Civil detuvo a un joven de 23 años por romper estalactitas en les Coves de Sant Josep, en Castellón. Le aplicaron una multa de más de 3.200 euros por delito contra el patrimonio histórico.

Biológicamente, el valor es altísimo: más de 300 especies de invertebrados, 50 de ellas troglobias exclusivas y más de la mitad endémicas de Baleares. Algunas, como el pseudoescorpión cavernícola descubierto en 2013 en las Cuevas de Campanet, solo existen en una única cavidad de la isla.

El último Informe Mar Balear confirma que el modelo ha llegado a un punto de saturación. Se habla de fijar un “techo de vuelos” y de resolver la desconexión entre plazas hoteleras y crecimiento turístico. Porque el mismo crecimiento que trajo riqueza también trajo desastres ambientales que ya empiezan a ser irreversibles.

El mensaje de los espeleólogos es simple y urgente: estas cuevas no son un juguete para redes sociales. Son un museo vivo que tardó millones de años en formarse y que se puede destruir en una visita de 60 minutos.

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