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De 11 muflones en 1971 a una plaga que amenaza el Teide: la herencia ecológica de Franco en Canarias

El muflón europeo, introducido hace más de 50 años para la caza mayor, se convirtió en una especie invasora que devora la vegetación endémica del Parque Nacional del Teide y genera erosión. Hoy su población supera ampliamente las 500 cabezas y el control sigue siendo insuficiente.

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De 11 muflones en 1971 a una plaga que amenaza el Teide: la herencia ecológica de Franco en Canarias
Xataka — Tecnología en Español

En 1971, el gobierno de Franco liberó 11 muflones europeos en Tenerife con el objetivo de crear una nueva especie de caza mayor. Hoy, más de medio siglo después, estos animales se han convertido en una verdadera pesadilla ecológica para el Parque Nacional del Teide y el resto de las cumbres de la isla.

El muflón (Ovis orientalis musimon), oriundo de Córcega y Cerdeña, no tiene depredadores naturales en Canarias. Eso le permitió multiplicarse sin control: de los 11 ejemplares iniciales se pasó a una población que, según expertos, ya supera ampliamente los 500 animales. Jaime Coello, director de la Fundación Telesforo Bravo, asegura que se los ve incluso cerca de núcleos habitados y en zonas de la Corona Forestal donde antes no aparecían.

El problema es especialmente grave en el Parque Nacional del Teide, declarado Patrimonio Mundial de la UNESCO en 2007. Este espacio de casi 19.000 hectáreas alberga plantas endémicas únicas en el mundo, que evolucionaron en un ecosistema insular sin grandes herbívoros. Los muflones se comen las plántulas, destruyen la vegetación autóctona, alteran las condiciones del suelo con sus deposiciones y provocan erosión que genera derrumbes y afecta caminos, sobre todo en zonas que sufrieron incendios.

En La Palma incluso se han documentado ejemplares híbridos con oveja doméstica, lo que complica aún más la situación. La Asociación para la Conservación de la Biodiversidad Canaria (ACBC) y otras entidades ecologistas vienen denunciando desde hace años que la introducción de esta especie fue un error grave, impulsado por la Federación Tinerfeña de Caza en los años 60 cuando la conservación de la biodiversidad todavía era un concepto incipiente.

Aunque el muflón fue declarado especie invasora en Canarias en 2011, su población no deja de crecer. Las principales acciones de control siguen siendo las batidas de caza, con cupos que aumentan año a año. Para 2026, el Boletín Oficial de Canarias establece un mínimo de 236 ejemplares a abatir, un 26% más que los 187 del año anterior.

Jaime Coello y varias asociaciones ecologistas critican que nunca ha existido una verdadera voluntad política de erradicación. Piden que el control se base en datos científicos sólidos, que sea monitorizado por la administración y ejecutado por personal especializado en lugar de depender casi exclusivamente de la actividad cinegética.

Las acciones de control ya cuestan dinero a las administraciones públicas y, mientras tanto, 12 especies de plantas exclusivas de Tenerife siguen en riesgo. El caso del muflón en Tenerife se suma a otras introducciones fallidas de especies exóticas en España, como el arruí africano en las montañas peninsulares.

En un archipiélago donde los recursos naturales y la biodiversidad tienen flujos más limitados que en el continente, la presencia de un herbívoro invasor como este genera impactos que van mucho más allá de lo visible. La erosión, la pérdida de vegetación y el daño a un ecosistema único que tardó miles de años en formarse convierten al muflón en uno de los problemas ambientales más serios que enfrentan hoy las islas Canarias.

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