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El oso pardo cantábrico se expande y ya ocupa 17.000 km² en el noroeste de la península

Un estudio del CSIC muestra cómo la población de osos pardos creció un 70% en la última década y unió dos núcleos aislados, aunque la zona de reproducción sigue estancada y los planes de protección solo cubren la mitad del territorio actual.

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El oso pardo cantábrico se expande y ya ocupa 17.000 km² en el noroeste de la península
Xataka — Tecnología en Español

Un estudio de la Estación Biológica de Doñana del CSIC reconstruyó la evolución del oso pardo cantábrico desde 1982 hasta 2021 y documenta una expansión clara: hoy ocupa alrededor de 17.000 kilómetros cuadrados en el noroeste de la península Ibérica.

En febrero de 2023 un censo genético contabilizó 370 ejemplares, 250 en la subpoblación occidental y 120 en la oriental. El trabajo divide las décadas en periodos de diez años y muestra que el área de presencia cayó un 25 % entre los dos primeros tramos pero creció un 70 % en el tercero, uniendo dos poblaciones que antes estaban aisladas.

Que un carnívoro grande como el oso pardo se expanda es una buena señal: indica que el hábitat es adecuado y que las medidas de conservación han funcionado. Sin embargo, los planes de recuperación vigentes solo cubren alrededor del 50 % de la distribución actual. Eso deja casi la mitad del territorio con menos vigilancia, mayor exposición a cultivos, ganado y colmenas, y un riesgo claro de conflictos con las actividades humanas.

La unión de las dos poblaciones es especialmente importante para una especie que todavía tiene números bajos, porque facilita el flujo genético y mejora las chances de crecimiento a largo plazo. No obstante, la zona de reproducción —donde se registran hembras con crías— apenas ha aumentado en los últimos 45 años, lo que sigue siendo el punto más débil de la recuperación.

El análisis estadístico del equipo determinó que los osos avanzan preferentemente hacia zonas con menor presencia humana y que están cerca de donde ya viven. Por eso, los investigadores piden actualizar los planes de protección para que sigan el ritmo de la expansión.

En los años 90 la población tocó fondo por factores ambientales, sobre todo cambios en los recursos alimentarios vinculados al clima; la presión humana fue secundaria. Ahora, con la colonización de áreas nuevas, la Fundación Oso Pardo anticipa más daños puntuales y mayor presencia en zonas humanizadas, lo que podría modificar la percepción social del animal y, en consecuencia, complicar las políticas de conservación.

El estudio compara cuatro periodos (1982-1992, 1993-2002, 2003-2012 y 2013-2021) y mide tanto área de presencia como área reproductora. Los resultados confirman que, mientras la primera creció, la segunda se mantuvo prácticamente estancada. Esa brecha es la que más atención requiere para asegurar la supervivencia de la especie.

La noticia fue publicada originalmente en Xataka el 24 de octubre de 2026.

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