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Países Bálticos

LETONIA:

Letonia ha tardado un cuarto de siglo en desprenderse de los vestigios del comunismo, pero esta joya báltica está preparada para brillar en su 25º aniversario. El país recupera antiguas tradiciones, restaura viejos castillos y mansiones ocultos en sus bosques de pinos y transforma sus antaño indigestos platos en la nueva cocina nórdica. Mientras, la seductora Riga se ha construido durante su reinado como Capital Europea de la Cultura, mejorando sus infraestructuras y reformando la ciudad, al tiempo que su población sigue creciendo.

Letonia brilla en el 25º aniversario de su independencia. Con la celebración, este pequeño país toma posiciones tras más de dos décadas jugando al pillapilla con muchos de sus parientes europeos. Y merece con creces el título de “la que más ha mejorado” por resucitar tradiciones ancestrales que iluminaron esta joya báltica durante mucho tiempo.

Cientos de maltrechos castillos y mansiones, de lo medieval a lo rococó, se esconden entre los tupidos bosques de pino de la nación. Muchas de estas fincas se están reformando con gusto para convertirse en museos y hoteles. De hecho, es posible pasar una semana entera en el campo conectando los astros de esta constelación.

La gastronomía también ha recorrido un largo camino desde el cerdo con patatas. Una tropa de chefs de la nueva cocina nórdica catapulta los sabores locales a un nivel tan superior que pondrían a Copenhague en entredicho, si los de la guía Michelin les hicieran más caso.

Mientras la población rural sigue disminuyendo, Riga, la capital, reafirma su importancia en el país y en la región, sobre todo tras haber recibido una generosa inversión de fondos de la UE durante su reinado como Capital Europea de la Cultura en el 2014. Una gran parte de aquel dinero se dedicó a mejorar las infraestructuras y a reformar edificios estatales, como la antigua sede del KGB (hoy un fascinante museo) y las más de 700 fachadas de estilo art nouveau de la ciudad, una de las mayores concentraciones que hay en el mundo.

Dejarse de remilgos y descubrir la tradición más letona de Letonia: el pirts, una sauna de abedul. Por tradición, en cada sauna hay un maestro que se ocupa de los asistentes, golpeándolos con ramas en una coreografía que remite a antiguas tradiciones paganas. Las plantas y flores suben la humedad de la sauna, con sesiones de 15 min antes de salir y meterse en el agua (en un lago, un estanque o en el mar). Además, se sirven tentempiés, como pescado ahumado y cerveza, y es una buena ocasión para charlar con lugareños.

  • Se cree que la tradición del árbol de Navidad nació en Letonia. En 1510, una fraternidad de solteros ebrios plantó un pino en la plaza mayor de Riga, lo cubrió con flores y le prendió fuego. Una placa conmemorativa marca el punto donde se plantó aquel árbol.
  • Un letón llamado Arvĩds Blũmentãls sirvió de inspiración para el personaje de Cocodrilo Dundee. Era de un pueblo del oeste de Letonia llamado Dundaga y se fue a vivir a Australia tras la II Guerra Mundial, donde cazaba reptiles y buscaba ópalos.
  • Técnicamente, en letón no hay una palabra que signifique ‘montaña’; ‘colina’ y ‘montaña’ usan el mismo vocablo. No es de extrañar si se tiene en cuenta que el punto más alto de Letonia, Gaiziņkalns, solo tiene 312 m de altitud.

El Parque Nacional Gauja esconocido por ser una reserva de ruinas medievales llena de pinos, pero también alberga algunas de las reliquias más curiosas de la era soviética. No hay que perderse la pista de bobsleigh de cemento, de 1200 m, construida cerca de Sigulda para entrenamiento del equipo olímpico soviético, ni el refugio nuclear secreto enterrado bajo un sanatorio de Ligatne. El búnker era de gran importancia estratégica durante la Guerra Fría, y sus salas, decoradas con carteles de propaganda soviética, harán las delicias de los aficionados a las películas de espías.

ESTONIA:

Estonia, oficialmente República de Estonia (en estonio: Eesti Vabariik), es una república báltica situada en el norte de Europa. Desde 2004 forma parte de la Unión Europea (UE) y de la OTAN. Limita al sur con Letonia, al este con Rusia, al norte con el golfo de Finlandia y al oeste con el mar Báltico.4​

El territorio de Estonia comprende una región continental y un conjunto de 2 222 islas e islotes dentro del mar Báltico,5​ cubriendo un total de 45 228 km2.1​ Está dividida políticamente en 15 condados, y la capital del país es su ciudad más grande, Tallin.6​ Con una población de 1,3 millones, Estonia es uno de los países menos poblados dentro de la Unión Europea.

El pueblo estonio es étnica y lingüísticamente hermano del finés y tiene lazos históricos y culturales con los países nórdicos al igual que los otros dos países bálticos. A pesar de ello, los países nórdicos no le reconocen todavía su adscripción a este grupo, aunque están en negociaciones para adherirse al Consejo Nórdico, en el que las repúblicas bálticas son oficialmente observadores.

Estonia adoptó el euro el 1 de enero de 2011,7​8​ sustituyendo a la corona estonia.

El territorio de Estonia incluye una pequeña porción de tierra en la ribera meridional del golfo de Finlandia y más de 1500 islas del mar Báltico, entre las que destacan Saaremaa y Hiiumaa, situadas frente al golfo de Riga. Limita al norte con el golfo de Finlandia y al oeste con el mar Báltico. Al este, el lago Peipus y el río Narva constituyen la mayor parte de la frontera con Rusia; al sur limita con Letonia, cuya frontera no se basa en ningún accidente geográfico destacable.

Es mayor que muchos países europeos, como Dinamarca o Suiza. Su superficie es de 45 228 km²,1​ similar, por ejemplo, a la de los Países Bajos. Los depósitos de Pizarra bituminosa y de piedra caliza, así como los bosques que cubren el 47 % del territorio, desempeñan un papel clave en la economía del país, que es pobre en recursos. Dentro de la Estonia continental existen también dos unidades diferenciadas: una zona compuesta por bajas llanuras, situadas en la mitad occidental de la Estonia continental y en la franja costera del golfo de Finlandia, y otra algo más elevada situada en la mitad oriental. El litoral estonio es muy recortado y su longitud es de 3794 km,1​ de los cuales 1242 km se encuentran en el continente y 2540 km se reparten entre las islas. La costa posee numerosas bahías, estrechos y ensenadas y es principalmente baja, exceptuando los acantilados del norte de Estonia y los acantilados de la Estonia occidental en la costa septentrional de las islas Saaremaa y Muhu.

Estonia es un país muy llano en el que abundan los humedales. Su máxima altura es el Suur Munamagi, de apenas 318 m. De su geografía destacan dos grandes lagos: el Vorts y el Peipus —el cuarto mayor de Europa—.24​ El clima es continental-húmedo, con veranos templados e inviernos fríos. El influjo del Báltico modera la temperatura y aporta mucha humedad. La isla de Ruhnu en el centro del golfo de Riga es la única isla que no se encuentra dentro de la zona costera próxima a Estonia. Está situada a 70 km al sureste de Kuressaare.

LITUANIA:

Hay un montón de razones para visitar esta ciudad curiosa, creativa y compacta.

  1. El encanto del casco antiguo de Vilna

Con orígenes en el s. XIV, Vilna cuenta con un buen pedigrí histórico. Si bien su casco antiguo, catalogado por la Unesco, es conocido por sus edificios barrocos (uno de los cuales es el Palacio de los Grandes Duques de Lituania, meticulosamente restaurado), su planta medieval alberga una variedad de estilos, apiñados, desde la gótica iglesia de Santa Ana hasta la clásica fachada de la colosal Catedral de Vilna.

Aparte de por su músculo arquitectónico, el casco antiguo destaca por sus revueltas calles adoquinadas, que son una delicia para pasear; ideales para ‘perderse’ y ‘encontrarse’ después en uno de los múltiples cafés medio escondidos en sus pasajes y patios.

  1. Descubrir siglos de historia judía

Conocida antaño como ‘la Jerusalén del norte’, la ciudad tiene una historia estrechamente relacionada con la de su comunidad judía desde que los primeros mercaderes, comerciantes y artesanos judíos llegaron a Vilna invitados por los Grandes Duques justo después de la fundación de la ciudad.

Próspera, la población litvak (judía lituana) contaba con 100 000 miembros antes de la II Guerra Mundial, pero trágicamente el 90% fue asesinado durante el Holocausto, tras ser apresados y encerrados en dos guetos de la ciudad por los nazis. El Museo del Holocausto ofrece un estremecedor recuerdo de aquellos sucesos, mientras que el Centro de la Tolerancia presenta una visión más amplia de la historia de los litvak y sus múltiples contribuciones a la cultura de Vilna y a Lituania en general. Hoy, la Sinagoga Coral de Pylimo gatve es el único espacio de culto judío que se conserva en la ciudad.

La historia de Lituania es compleja, fascinante y, a veces, desgarradora. Tras la II Guerra Mundial el país quedó bajo dominio soviético y, aunque la resistencia entre los lituanos era sincera, fue reprimida con brutalidad. El Museo de Ocupaciones y Luchas por la Libertad (antiguo Museo de las Víctimas del Genocidio) ofrece una estremecedora visión de la vida cotidiana durante el período soviético.

Finalmente, la URSS reconoció la independencia del país en 1991, pero a un precio muy alto: 14 civiles murieron cuando las tropas soviéticas cargaron contra la Torre de la TV de Vilna. Esta estructura de 326 m de altura es hoy un símbolo de la lucha por la libertad de Lituania, y hay un monumento en recuerdo a las víctimas.

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