17 julio, 2024

Sabemos que los salarios son rígidos: los países del sur de Europa han encontrado que es imposible poner en práctica el reclamo de de sus acreedores de una rápida baja de salarios. Y sabemos que no todos los actores privados de la economía son previsores. Antes de la crisis, el endeudamiento y el gasto aumentaron de formas que no podrían durar; ahora los consumidores no están gastando y las empresas no están invirtiendo pese a que las tasas de interés están cerca de cero.

Esas son las condiciones descritas por Keynes en las que la política fiscal expansiva funciona. También son las condiciones en las que la política monetaria no, pese a que los dirigentes modernos de la macroeconomía han llegado a depender totalmente de la política monetaria para estabilizar. Hay una desconexión entre las necesidades de las economías y las teorías de los macroeconomistas actuales.
En muchas disciplinas aplicadas, como la medicina, los practicantes vuelven a lo básico cuando los hechos cambian. Si lo que están haciendo no da resultado, buscan otra cosa en su arsenal. Pero los macroeconomistas modernos no; dicen simplemente que debemos soportar lo que ellos llaman el estancamiento secular.

Es una predicción desdichada. La política monetaria no está funcionando; en cambio, este es el momento perfecto para la política fiscal. Hay necesidad inmediata de reparar carreteras y puentes, reconstruir las redes eléctricas y modernizar el transporte. La política fiscal keynesiana expansiva beneficiará a la economía, tanto a corto como a largo plazo.

Keynes entendía que los mercados son tan propensos a ataques de locura como cualquier otra institución humana y trató de imaginar una variedad más inteligente del capitalismo.

La lección más importante de Keynes consiste en dejar de lado las ideas heredadas

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