12 junio, 2024

DEBE REHACER, ESTÁ COPIADO DE VARIAS FUENTES

Cuando hablamos de comportamiento en la escuela, estamos hablando también y necesariamente de las relaciones entre las personas dentro de la institución. Tal vez no estamos acostumbrados a considerar la relación entre el maestro y el alumno en términos de una relación humana. Es cierto que esencialmente esta relación ha sido considerada como un instrumento para transmitir conocimientos, el objetivo específico de la escuela por lo menos hasta el día de hoy. Por otro lado,si la relación entre las personas en la escuela no se desarrolla dentro de ciertos parámetros psicológicos, éticos y emocionales, difícilmente se puede hablar de enseñar y aprender.

Al abordar el tema de las relaciones humanas hay que preguntarse siempre si uno es parte del problema que existe en una determinada relación, pasando de la crítica a la autocrítica, lo que siempre duele.
Por supuesto lo que hay que evitar son los extremos, por un lado no hacerme cargo de lo que me corresponde y de lo que no. Por otro lado, no poner la causa del problema sólo en el otro, sea colega o alumno, y así desarrollar la imagen de la víctima. Es necesario atribuirse sinceramente a sí mismo la parte de los problemas de la relación que corresponde y de esta manera abrir paso al entendimiento y a la superación de ella. En una palabra aprender a asumir mi zona de incumbencia, algo que no es siempre fácil cuando surgen problemas de convivencia. Al respeto, se suele distinguir la zona de incumbencia de la zona de preocupación. Es decir saber poner la energía en aquello que puedo modificar y no en lo que no puedo modificar.

Todo esto salta a la vista en el contexto escolar. Hay cosas que generan el mal comportamiento que están fuera de mi competencia, como, por ejemplo la falta de capacitación profesional de mis colegas o los desequilibrios en la formación familiar de los alumnos. Nos preocupan, por supuesto, pero no nos podemos ocupar de ellas. Por eso, cuando asumo el papel de víctima o me concentro sólo en la zona de preocupación lo único que logro es no hacerme cargo y que el problema continúa. Por lo contrario, si me concentro en mi zona de incumbencia es muy probable que, tarde o temprano opero indirectamente en la zona de preocupación. Por ejemplo, si me ocupo de acercarme e interesarme en el alumno conflictivo y con paciencia desarrollo la relación adecuadamente, esto puede tener un efecto beneficioso en la relación del alumno con su familia y de la familia con la escuela.

Si aceptamos que en relación al tema de la convivencia y el comportamiento escolar no es posible encontrar soluciones definitivas y si evitamos la tentación de la simulación, no poco frecuente, manteniendo los problemas debajo de la alfombra, es posible pasar delconcepto de solución al concepto de mejora. Este cambio de concepto y también del lenguaje que utilizamos permite un criterio más adecuado, que es promover un proceso de solución o mejora. Aquí es necesario ante todo buscar y saber las raíces del problema o la causa principal. Esto podría llevar, a la vez, a que haya resistencias al cambio de parte de algunos o de toda la institución. El próximo paso entonces podría ser tomar esa resistencia como información pertinente que nos invita a acercarnos al problema tal vez desde otro ángulo, aunque parezca secundario por el momento.

Como sabemos, todo camino comienza por un paso. Por eso, este proceso no significa ocultar o ignorar las dificultades de fondo, que deberían ser explicitadas y tomadas en cuenta como parte del trabajo futuro. Es asumir conscientemente que el proceso de cambio no empiece haciendo el mejor sino el mejor posible. De esta manera la búsqueda de soluciones a las dificultades de convivencia en la escuela consistirá, no en discursos, argumentos o la simple buena voluntad de los integrantes, sino en la toma de medidas simples y concurrentes de mejora que avanzan indefectiblemente hacia soluciones mas profundas. Para citar una frase muy conocida, si no soy parte de la solución, soy parte del problema.   

Con la teoría de las relaciones humanas surge una nueva visión sobre el hombre, que hace énfasis en estos aspectos.

Los trabajadores son trabajadores sociales. Con sentimientos, deseos y temores.

Las personas son motivadas por ciertas necesidades. Estas logran satisfacer sus necesidades básicas con la ayuda del grupo que interactúan

El comportamiento de los grupos puede manejarse mediante un adecuado estilo de supervisión y liderazgo. El supervisor eficaz es el que posee capacidad para dirigir a sus subordinados obteniendo lealtad, estándares elevados de desempeño y alto compromiso en los objetivos de la organización.

Las normas del grupo funcionan regulando el comportamiento de los individuos, por lo tanto este control debe incluir sanciones positivas (estímulos, aceptación social, etc.), como también negativas (burlas, rechazo por parte del grupo, sanciones simbólicas, etc.) para obtener los resultados esperados.

La psicología industrial contribuyó a demostrar la parcialidad de los principios de administración adoptados por la teoría clásica.