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Una historia real

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Con respecto a todo lo que se viene hablando sobre la crisis en la educación en todos los niveles, y la propuesta de que aquellos alumnos que no han aprobado ni una materia en un año o aquellos que pierden la regularidad o peor aún, que abandonan sus estudios. Procederemos a  relatar una historia real sobre un sujeto de estudio al cual mediante un entrevista nos ha contado una experiencia que es más común de lo que se pueden imaginar, ya que muchas personas que se encuentran realizando una actividad laboral y paralelamente una de estudio, con el fin desarrollar un camino más auspicioso  hacia el futuro se van  sentir identificadas.
Es la historia de un alumno que cursa estudios en una universidad pública de nuestro país, relata que sufre los insólitos y obsoletos horarios disponibles para cursar cada materia. La oferta horaria –es prácticamente nula- es manejada con total arbitrariedad por los profesores de las cátedras, y lo que es peor, con la complicidad del centro de estudiantes y de las autoridades del establecimiento educativo. Lo que genera un malestar, una situación de esfuerzo y sacrificio a la que se ve obligada esta persona para poder sobrellevar sus estudios al mismo tiempo que su trabajo.

Para los alumnos que trabajan, es realmente muy difícil acomodar los horarios laborales con los horarios lectivos ofrecidos por los establecimientos educativos, teniendo en cuenta que cada cuatrimestre es una lotería y que no hay uniformidad de turnos, salvo en dos o tres materias por cada año. En las demás, por ejemplo, uno puede entrar a clases a las 9 horas y salir a las 18horas, eso sin contar las “horas muertas” entre una materia y otra. Esto ya no solo habla de los horas concretas de las materias, sino que sumadas a las horas normales de un día laboral (8 horas)  más la cantidad de horas cátedras que conlleva la cursada de alguna materia se le suma el tiempo perdido entre materia y materia por no tener una correlación de horarios.

Este alumno se pregunta: ¿quisiera saber cómo se hace para trabajar y estudiar al mismo tiempo en estas condiciones? Porque, como si fuera poco, hay que cumplir con un 80 por ciento de asistencia en las tareas prácticas o seminarios.

La decadencia estudiantil es responsabilidad de los alumnos, pero las condiciones organizativas dentro de las universidades ayudan a que esto ocurra. Si las universidades y/o centros educativos tuvieran una mayor amplitud o comodidad horaria, cooperaria con la motivación del alumnado a progresar y seguir con sus estudios, pero si en vez de motivar lo que logran es lo contrario, desmotivación, desgano, etc. Es todo más difícil.

Finalmente este alumno con tristeza expresa: Gracias a la suma de todo lo anterior, pasé a engrosar la lista de alumnos que abandonan sus estudios universitarios.

Se pregunta: si se sigue con la política de priorizar la comodidad de los profesores y la arbitrariedad de los horarios

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