Alex Karp de Palantir: en la era de la IA solo sobreviven los oficios manuales o los neurodivergentes
El CEO de Palantir asegura que electricistas, plomeros o quienes piensan de forma atípica tendrán ventaja frente a la automatización. La empresa ya tiene programas específicos para contratarlos.
Alex Karp, CEO y cofundador de Palantir, tiene una visión clara y polarizante sobre quién va a salir adelante en el mundo que viene con la inteligencia artificial.
Según sus declaraciones del 12 de marzo en una entrevista con TBPN, solo dos perfiles profesionales tienen futuro asegurado: los que tienen un oficio manual que no se puede automatizar y las personas neurodivergentes que abordan los problemas desde ángulos poco convencionales.
En el primer grupo entran electricistas, fontaneros y otros oficios de la construcción. Karp señaló que la explosión de centros de datos que requiere la IA está disparando la demanda de mano de obra calificada en estos rubros. Esos trabajos, dice, la máquina todavía no puede hacerlos.
El segundo grupo es más personal. Karp ha hablado varias veces de su propia dislexia y considera que la forma diferente de procesar información se convierte en una ventaja competitiva frente a sistemas que son muy buenos siguiendo patrones predecibles pero fallan en lo inesperado.
Para él no hace falta un diagnóstico clínico. Lo que importa es la capacidad de pensar de manera no lineal, asumir riesgos y crear soluciones propias. Esa misma lógica ya está moldeando la política de contratación de Palantir.
La compañía lanzó el Neurodivergent Fellowship, un programa que busca activamente a personas que piensan distinto. No exige diagnóstico formal y valora rasgos como el reconocimiento rápido de patrones o el pensamiento no secuencial. Según la oferta de empleo, estos perfiles son especialmente útiles para desarrollar tecnología avanzada.
Además, puso en marcha el Meritocracy Fellowship, dirigido a jóvenes que terminan el secundario y no siguen a la universidad. La primera edición recibió más de 500 postulaciones y seleccionó solo 22. Para el ciclo de otoño de 2026 ofrecían una remuneración de 5.400 dólares mensuales y la chance de quedarse en la empresa al terminar.
Karp, que estudió Derecho en Stanford y se doctoró en Filosofía en Alemania, también cuestionó el valor de muchas carreras de humanidades en este nuevo contexto. Sin embargo, no todos los líderes de la industria coinciden. Daniela Amodei, de Anthropic, sostuvo que las humanidades fueron más relevantes que nunca, mientras que Jaime Teevan, de Microsoft, defendió el rol de la universidad para formar pensamiento crítico y capacidad de adaptación.
Desde el punto de vista de un emprendedor de portafolio en LATAM, el mensaje de Karp obliga a repensar dos cosas. Primero, que la IA no reemplaza todo: los oficios manuales siguen siendo una vía sólida, sobre todo con la infraestructura que se está construyendo alrededor de los modelos. Segundo, que la ventaja competitiva ya no pasa solo por títulos universitarios sino por cómo procesás la información y qué tan rápido podés iterar en entornos ambiguos.
Para los que estamos del lado de los negocios chicos, la lección práctica es clara: si tu trabajo actual se puede resumir en prompts, es hora de agregar valor que la IA no pueda copiar fácilmente. Ya sea dominando un oficio o entrenando la capacidad de ver ángulos que otros no ven.
El veredicto: Karp no está diciendo que la universidad esté muerta, pero sí que no es la única ni siempre la mejor ruta. En un mercado donde la IA baja el costo de lo repetitivo, lo que se paga es la capacidad de resolver lo que todavía no está escrito en ningún manual.