Marina Garcés: para gozar de la amistad hay que perder el miedo a la soledad
La filósofa española explica por qué huir de la soledad nos deja más solos y cómo aceptar ese momento es clave para construir relaciones auténticas.
La filósofa española Marina Garcés se pregunta en el prólogo de su libro La pasión de los extraños qué palabra usamos para referirnos a alguien que está 'soltero' de amigos. La respuesta es que no existe. Lo que queda es una soledad sin épica y sin nombre, que oscila entre la lástima y la sospecha.
Esta idea no es solo una reflexión filosófica. Garcés advierte que quien huye constantemente de la soledad termina siendo adicto a la aceptación social. En una entrevista posterior al libro, explicó que esa dependencia impide tener buenos amigos o ser un buen amigo. Cuanto más escapamos de estar solos, más solos terminamos quedando.
Esta visión coincide con lo que planteaba el neurocientífico John Cacioppo hace casi dos décadas. Para él, la soledad funciona como el hambre: es una señal evolutiva que nos avisa de que algo falla en nuestra conexión con los demás. Igual que el hambre nos impulsa a buscar comida, la soledad debería impulsarnos a reparar vínculos. Pero la clave no está en 'comer' cualquier cosa, sino en construir relaciones genuinas, cocinar para otros y compartir.
Cacioppo distinguía claramente entre aislamiento y soledad. El primero se mide en cantidad de contacto físico; la segunda es una percepción subjetiva de que nuestras relaciones no cubren lo que necesitamos. Por eso es posible sentirse profundamente solo en medio de una multitud.
Cuando esa percepción se activa, el cerebro entra en modo defensa. Empezamos a vigilar más las posibles amenazas sociales, interpretamos peor las situaciones ambiguas, recordamos más lo negativo y atendemos más a gestos de rechazo. Se genera un círculo vicioso que empeora la sensación de aislamiento.
Esta factura no es solo emocional. Estudios asocian la soledad crónica con peor calidad de sueño, mayor estrés, más problemas de salud y, en última instancia, mayor mortalidad. La OMS estimó en junio de 2025 que la soledad se asocia a unas 871.000 muertes al año en todo el mundo, casi cien por hora.
Las ideas de Garcés y la psicología actual nos invitan a cambiar el enfoque: en vez de huir de la soledad, aprender a habitarla sin miedo. Solo desde ahí podemos dar a los demás sin dependencia y construir amistades que realmente valgan la pena.
Según la filósofa, perder el miedo a la soledad es el primer paso para gozar de la amistad verdadera. Todo lo demás viene por añadidura.