El cofundador de Anthropic no quiere títulos para sus hijos: prioriza curiosidad y creatividad
Ben Mann, uno de los fundadores de Anthropic, explica por qué no le importa que sus hijos saquen las mejores notas ni vayan a colegios de élite. En un mundo con IA, lo que vale es ser curioso, creativo y saber hacer las preguntas correctas.
Ben Mann, cofundador de Anthropic y uno de los “siete de Anthropic” que dejaron OpenAI para fundar su propia compañía, lo dijo sin vueltas en el podcast de Lenny Rachitsky: no le interesa que sus hijos se pasen la infancia persiguiendo títulos ni llenando el currículum de actividades extracurriculares.
“Hace 10 o 20 años tal vez sí estaría intentando prepararla para que fuera la mejor en la escuela y apuntarla a todas las actividades. Pero en este momento no creo que nada de eso importe. Solo quiero que sea feliz, considerada, curiosa y amable”, explicó sobre la educación de su hija.
El mensaje es claro y viene de alguien que está en la primera línea del desarrollo de la IA. Para Mann, en un mundo donde la inteligencia artificial puede ejecutar cada vez más tareas, los títulos universitarios y el conocimiento memorístico pierden peso frente a habilidades que las máquinas todavía no replican bien: creatividad, curiosidad genuina y capacidad de hacer buenas preguntas.
Esta visión no es exclusiva de Anthropic. Mark Chen, jefe de investigación de OpenAI, ya había dicho que “cada vez es menos necesario tener un doctorado en IA” para trabajar en los puestos más avanzados. Sam Altman, por su parte, lo resumió de forma quirúrgica: “Determinar qué preguntas hacer será más importante que conocer la respuesta”.
La IA como brazo ejecutor
El consenso entre los principales labs parece consolidarse: la IA será el que ejecuta, y el humano el que decide y pregunta. Jensen Huang, CEO de NVIDIA, lo planteó sin rodeos: habilidades como la programación tradicional van a perder relevancia laboral porque la IA puede generar código con una simple instrucción bien formulada.
Esto representa un cambio radical respecto al modelo educativo que conocimos. Durante décadas nos dijeron que el camino al éxito pasaba por buenas notas, una carrera universitaria prestigiosa y acumular certificados. Mann, que vivió de cerca cómo se construye una empresa que hoy vale miles de millones, está diciendo que ese playbook ya no aplica para sus propios hijos.
Qué busca realmente un fundador de Anthropic en las nuevas generaciones
Según Mann, lo que importa es que los chicos mantengan un perfil abierto a la experimentación, empático y con alta dosis de curiosidad. Justo las mismas cualidades que Chen mencionó cuando describió los perfiles que busca OpenAI: gente que sepa guiar a la IA, no solo usarla.
En el ecosistema startup de Buenos Aires y LATAM esto resuena fuerte. Acá, donde los recursos son escasos y la inflación obliga a ser ingenioso, hace rato que muchos emprendedores ya operan con esta lógica: prueban, fallan rápido, preguntan diferente y usan las herramientas que tienen a mano. La diferencia es que ahora esa mentalidad deja de ser una ventaja competitiva local para convertirse en el estándar global.
Qué significa esto para tu negocio o tu carrera
Vamos a los números. Si estás pagando cursos caros solo para acumular certificados o forzando a tus hijos a un colegio bilingüe de élite pensando en el “futuro laboral”, puede que estés invirtiendo en lo que pronto será commodity. La IA ya democratiza el conocimiento técnico; lo que no democratiza (todavía) es la capacidad de imaginar usos nuevos, de conectar puntos que nadie vio y de mantener la curiosidad cuando todo parece resuelto.
Ojo con esto: no significa que la educación formal desaparezca. Significa que su valor relativo baja. Un título por sí solo no va a diferenciarte. Saber usar Claude, GPT o Grok para multiplicar tu productividad sí. Saber formular el prompt correcto que genere una estrategia de ventas para tu ecommerce en MercadoLibre, también.
El veredicto
La pregunta que importa ya no es “¿qué estudiaste?”. Es “¿qué podés crear o resolver que la IA no pueda hacer sola?”. Ben Mann está eligiendo para sus hijos exactamente las habilidades que él mismo busca en los mejores ingenieros y emprendedores: gente curiosa que experimenta, que pregunta y que no se conforma con la primera respuesta.
En LATAM, donde siempre tuvimos que arreglarnos con menos, esa mentalidad ya es parte del ADN. La novedad es que ahora los que están construyendo la IA más avanzada del mundo nos están diciendo que teníamos razón.