Los data centers para IA son impopulares: el 61% de los votantes se opone
Un nuevo sondeo de The New York Times y Siena University revela que la mayoría de los estadounidenses rechaza la construcción de data centers para alimentar la inteligencia artificial. Qué significa esto para el avance de la tecnología y su impacto en la Argentina.
El dato es claro y contundente: el 61% de los votantes probables en Estados Unidos se opone a la construcción de nuevos data centers para alimentar la tecnología de inteligencia artificial. Solo el 39% los apoya. Así lo revela un sondeo del New York Times y Siena University publicado este martes, que encuestó a 1.503 personas.
Hasta ahora, el boom de la IA parecía imparable. Los grandes laboratorios invertían miles de millones en chips y energía, y los gobiernos competían por atraer esas inversiones. Pero la realidad en la calle es otra: la gente no quiere los galpones gigantes, el consumo eléctrico descomunal ni el ruido constante que vienen con estos centros de datos.
En la práctica, esto significa que los políticos ya están tomando nota. En varios estados y condados de EE.UU. se multiplican las protestas locales, las moratorias y los proyectos de ley para frenar o regular la llegada de estos megacentros. Lo que antes era visto como progreso tecnológico ahora se discute en términos de impacto ambiental, aumento de las tarifas de luz y cambio en el paisaje.
Ojo con esto: el rechazo no es solo a los data centers, sino a lo que representan. La encuesta muestra que la IA genera expectativas muy altas en productividad y avances médicos, pero al mismo tiempo despierta miedo por el uso de energía, el agua que consumen para enfriamiento y la falta de beneficios concretos para las comunidades donde se instalan.
Desde Buenos Aires, la noticia llega con matices locales. Aunque en la Argentina todavía no hay una ola masiva de construcción de data centers para IA, sí hay proyectos en estudio y empresas que exploran instalar infraestructura en el país por el costo relativamente bajo de la energía en algunas regiones. Si el rechazo norteamericano se extiende, podría complicar la llegada de inversiones o generar un debate público que hoy no existe.
Las empresas de IA, como OpenAI, Google y Microsoft, vienen repitiendo que los data centers son la base para seguir avanzando en modelos más potentes. Pero si la población los ve como una molestia, el camino regulatorio se va a poner más cuesta arriba. Ya hay voces en el Congreso estadounidense que piden mayor transparencia sobre el consumo real de energía y agua.
La pregunta es qué hacemos con este dato. La IA generativa es, para muchos, la tecnología más transformadora desde internet. Pero si su infraestructura física genera tanto rechazo, las compañías van a tener que encontrar formas de explicar mejor los beneficios o invertir en tecnologías que reduzcan el impacto ambiental. De lo contrario, el avance puede frenarse por oposición popular.
No es poco. Un 61% en contra en un país que lidera la carrera de la IA es una señal fuerte. Muestra que la brecha entre el entusiasmo de Silicon Valley y la percepción de la gente común es más grande de lo que parecía. Y que cerrar esa brecha no va a ser solo cuestión de mejores modelos, sino de explicar con claridad qué ganamos y qué perdemos como sociedad.
En la Argentina, donde el costo de la energía y el acceso a agua ya son temas sensibles, vale la pena prestar atención. Si en algún momento llegan propuestas concretas de data centers, el debate no va a ser solo técnico: va a ser político, ambiental y de costos para el bolsillo. La encuesta estadounidense es un anticipo de las preguntas que, tarde o temprano, también nos vamos a hacer acá.