Bloqueada de ChatGPT en el colegio: a los 17 años creó Raaha, una startup de IA con más de 1.000 usuarios
Navya Tuteja convirtió la restricción de su escuela en una ventaja. Hoy lidera una plataforma que ayuda a personas neurodivergentes a evaluar ofertas de trabajo con IA, financiada por ella misma y en crecimiento constante.
Navya Tuteja tiene 17 años, está terminando la secundaria en un instituto selectivo de las afueras de Washington D.C. y dirige Raaha, una plataforma de inteligencia artificial con más de 1.000 usuarios y 20.000 ofertas de trabajo indexadas.
La idea surgió de algo que veía todo el tiempo: descripciones de puestos escritas solo desde la perspectiva del empleador, llenas de requisitos pero sin contar cómo es realmente el día a día. Raaha permite que personas neurodivergentes respondan un cuestionario de 12 preguntas sobre su forma de trabajar (ritmo, comunicación, necesidad de previsibilidad) y luego peguen la descripción de un empleo para recibir una puntuación de encaje.
El análisis lo hace Claude, el modelo de Anthropic, con prompts preparados junto a especialistas en neurodiversidad. La plataforma es gratuita para los usuarios y se nutre de ofertas públicas como las de Adzuna y USAJobs. Tuteja la financia de su bolsillo y planea un modelo futuro donde empresas paguen por mejorar sus anuncios o acceder a la herramienta.
Lo curioso es que todo esto empezó, en parte, porque el WiFi de su escuela bloquea ChatGPT, Claude y herramientas similares. “Me hizo usarla mucho menos en clase”, cuenta. Esa restricción la obligó a pensar por sí misma durante los exámenes, un hábito que mantuvo después para levantar su proyecto.
Hoy preside el club de IA de su instituto, escribió ella misma el algoritmo principal de Raaha y usó la inteligencia artificial solo para las partes más mecánicas, como pulir el diseño de la web. En los deberes no la toca: “Intento aprender todo yo sola, sobre todo lo que tiene examen”.
Su caso contrasta con las tendencias que muestran los últimos estudios. El uso de IA para tareas escolares entre jóvenes subió del 48 % al 62 % en pocos meses, y una parte importante de los estudiantes la usa para hacer trampa o delegar demasiado pensamiento crítico.
Tuteja es consciente del estigma. Cuando le preguntan qué herramientas usó para armar Raaha, duda antes de responder porque sabe que admitir el uso de IA puede hacer que la gente piense que “no lo hizo ella”. Estudios recientes confirman ese sesgo: los mismos textos se valoran peor si se sabe que fueron generados o asistidos por IA.
Ella defiende la transparencia: “Creo que es bueno asumirlo si lo estás usando bien”. Y sobre la regulación, es clara: está totalmente a favor de regular la IA, pero no de prohibirla en las escuelas. Cree que la clave está en enseñar a usarla correctamente, no en bloquearla.
Raaha (raaha.ai) está en inglés y por ahora su app para iOS sigue pendiente de aprobación en la tienda. Las cifras crecieron rápido: de 150 usuarios en julio a más de 1.000 ahora. Tuteja quiere ir a la universidad, pero si el proyecto sigue esta trayectoria se plantea dedicarse full time.
Su historia muestra algo que muchas veces se pasa por alto: las restricciones pueden ser molestas, pero también pueden forzar hábitos que después marcan la diferencia. En un mundo donde cada vez más estudiantes delegan en la IA, Navya eligió usarla como herramienta y no como reemplazo del propio pensamiento.