Ciencia

Vertieron 65.000 litros de hidróxido de sodio en el mar para enfriar la Tierra: el experimento que divide

Científicos de Woods Hole probaron en el golfo de Maine la Ocean Alkalinity Enhancement. Lograron capturar entre 2 y 10 toneladas de CO₂ en pocos días, pero los límites químicos y ecológicos ponen en duda su escalabilidad global.

Publicado el 7 de agosto de 2026, 10:38 hs

Un equipo de la Institución Oceanográfica de Woods Hole, con autorización de la EPA de Estados Unidos, vertió 65.000 litros de hidróxido de sodio en las frías aguas del golfo de Maine. El objetivo: probar si aumentar la alcalinidad del océano puede ayudar a absorber más CO₂ de la atmósfera y contrarrestar la acidificación causada por las emisiones humanas.

El experimento, conocido como Ocean Alkalinity Enhancement (OAE), usa un principio químico básico: al agregar una base fuerte como la sosa cáustica se eleva el pH del agua, lo que obliga al océano a capturar más dióxido de carbono para restablecer el equilibrio. En este caso, la solución fue marcada con un tinte rojo brillante para seguir su dispersión.

Resultados iniciales prometedores

En los primeros días, el pH local subió de 7,9 a 8,3. Durante esa ventana, el ensayo retiró entre 2 y 10 toneladas de CO₂, con proyecciones de llegar a 50 toneladas a medida que la pluma se diluía. Los muestreos biológicos no detectaron efectos tóxicos agudos en larvas de peces ni en organismos planctónicos. A esta escala reducida, parece una buena noticia.

Sin embargo, los informes técnicos de varias agencias ambientales enfriaron el entusiasmo. Aunque la química teórica está clara, la realidad marina es más complicada. Si se agrega demasiada alcalinidad, se dispara la precipitación secundaria de carbonatos: se forma carbonato cálcico que agota la alcalinidad añadida y, en algunos casos, libera CO₂ de vuelta al agua. Un estudio reciente en mesocosmos mostró que se puede perder hasta el 10% del CO₂ capturado en pocas semanas.

Además, la relación no es 1:1. Los expertos estiman que cada mol de alcalinidad agregada solo logra reducir entre 0,35 y 0,8 moles de CO₂ atmosférico, por compensaciones y retardos tanto en el océano como en los sumideros terrestres.

El riesgo ecológico a gran escala

Más allá de los números, el gran interrogante es qué pasa cuando se escala. Modelos sugieren que una reducción masiva de la acidez podría alterar la cadena trófica, bajar la producción primaria neta hasta un 15% y cambiar la composición de fitoplancton y cocolitofóridos. Eso afectaría a toda la vida marina que depende de esas bases.

En LATAM, donde el océano Pacífico y el Atlántico son clave para la pesca y la captura de carbono, cualquier intervención a escala genera preocupación. Argentina, con su extensa plataforma continental, mira estos experimentos con cautela: la transferencia tecnológica es interesante, pero sin datos locales claros sobre impactos en ecosistemas como el Mar Argentino, es difícil justificar su adopción.

La pregunta que importa

¿Puede la geoingeniería oceánica ser parte de la solución climática o estamos jugando con un sistema que no entendemos del todo? Por ahora, el experimento de Maine demuestra que es técnicamente posible en pequeña escala y sin daños inmediatos. Pero pasar de 65.000 litros a millones de toneladas es un salto que todavía no tiene respuesta segura.

Vamos a los números: capturar 50 toneladas de CO₂ con este método cuesta mucho más que plantar árboles o mejorar eficiencia energética. Y el riesgo de efectos secundarios no deseados es real. Por eso, la mayoría de los científicos coincide en que la prioridad sigue siendo reducir emisiones drásticamente, no buscar atajos geoingenieriles que podrían generar nuevos problemas.

El veredicto por ahora es cauteloso: interesante como experimento científico, pero lejos de ser una herramienta madura para negocios o políticas climáticas en la región. Ojo con las soluciones mágicas que prometen enfriar el planeta sin tocar el modelo de emisiones.

← Volver a Ciencia