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La cigüeña flechada que probó que las aves no migran a la Luna

En 1822 una cigüeña apareció en Alemania con una flecha africana clavada en el cuello. Ese hecho casual desmontó siglos de teorías absurdas y confirmó que las aves migran miles de kilómetros.

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La cigüeña flechada que probó que las aves no migran a la Luna
Xataka — Tecnología en Español

Durante siglos, el paradero de las aves en invierno fue uno de los grandes misterios de la naturaleza. Sin forma de seguir sus movimientos, los pensadores proponían explicaciones que hoy suenan ridículas: que se transformaban en otras especies, que hibernaban bajo el agua o, directamente, que migraban a la Luna.

Charles Morton, académico de Harvard en el siglo XVII, defendió con seriedad la hipótesis lunar. Calculó que el viaje duraba un mes de ida y otro de vuelta, y que las aves sobrevivían gracias a la grasa corporal acumulada. Rechazaba otras ideas por “demasiado fantasiosas”, aunque la suya no parecía mucho más realista. El problema era simple: las aves desaparecían durante meses y nadie sabía adónde iban.

Todo cambió en 1822 al norte de Alemania. Un cazador abatió una cigüeña que llevaba una flecha de 80 centímetros atravesándole el cuello. Lejos de morir en el acto, el ave había volado miles de kilómetros con esa herida. Los investigadores de la Universidad de Rostock examinaron el proyectil y determinaron que su diseño correspondía a pueblos del centro de África.

La conclusión era inevitable: esa cigüeña había sido herida en África, había migrado hasta Europa y había seguido volando a pesar de la lesión. Bautizada como Pfeilstorch (cigüeña flechada), se disecó y todavía se conserva en la colección zoológica de Rostock. Se convirtió en la prueba material de que las aves migratorias viajan a regiones más cálidas en invierno y regresan en primavera.

Después aparecieron más ejemplares con flechas africanas en distintas partes de Europa. Las aves grandes muestran una resistencia sorprendente a heridas que no afecten sus capacidades básicas de vuelo. La Pfeilstorch no fue un caso aislado, sino el primero documentado que permitió cerrar el debate.

En 1899, el danés H.C. Mortensen empezó a usar anillas en las patas de las aves. Ese sistema de marcaje sistemático confirmó lo que la flecha había sugerido: los mismos individuos que salían de Europa antes del invierno regresaban después. La cigüeña flechada fue, en la práctica, el primer sistema de seguimiento de aves de la historia.

Hoy sabemos que muchas especies recorren más de 3.000 kilómetros en cada migración. Lo que antes se resolvía con mitos se explica con datos. Y todo empezó con una flecha que alguien lanzó en África y que terminó clavada en una cigüeña en Alemania.

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