Ciencia

Cuando la NASA creyó encontrar el planeta Vulcano de Star Trek (y por qué era un espejismo)

Durante años la astronomía pensó que 40 Eridani A tenía un planeta similar al hogar de Spock. La NASA confirmó en 2024 que era solo actividad estelar. Te contamos la historia completa.

Publicado el 10 de agosto de 2026, 01:30 hs

En 1991, Gene Roddenberry y tres astrónomos publicaron una carta en Sky & Telescope defendiendo que 40 Eridani A era la estrella más lógica para ser el sol de Vulcano. A 16 años luz de distancia, era lo suficientemente cercana como para que el planeta ficticio de Spock dejara de ser solo un punto en el mapa imaginario y pasara a tener coordenadas reales en el cielo.

Casi tres décadas después, en 2018, un equipo del Dharma Planet Survey anunció la posible detección de HD 26965 b, una supertierra que orbitaría esa misma estrella cada 42 días. La noticia corrió como reguero de pólvora entre fans de Star Trek: por primera vez, el hogar de los vulcanos parecía tener un reflejo real en nuestro vecindario cósmico.

El hallazgo siempre fue presentado con cautela. Los propios investigadores advertían que la señal detectada mediante el método de velocidad radial podía explicarse también por la actividad natural de la estrella. Y con el tiempo, esa segunda opción ganó cada vez más peso.

En mayo de 2024 la NASA cerró el capítulo con datos del espectrógrafo NEID. La señal no se comportaba de la misma manera en todas las longitudes de onda, algo típico de las pulsaciones y manchas estelares, pero incompatible con el tirón gravitatorio limpio que produciría un planeta. Lo que creíamos que era un mundo resultó ser el pulso inquieto de 40 Eridani A disfrazado de planeta.

La técnica de velocidad radial mide cambios minúsculos en el espectro de la estrella cuando un objeto la hace “oscilas”. El problema es que las estrellas no son bolas de gas quietas: laten, tienen manchas, rotan y se agitan. Distinguir una cosa de la otra requiere instrumentos de altísima precisión y muchos años de observación. NEID aportó justamente esa precisión y mostró que la señal variaba según la longitud de onda, el sello característico de la actividad estelar.

Así, el Vulcano real desapareció de la misma forma discreta en que apareció: por mejores datos. No hubo un villano romulano ni una supernova. Solo ciencia que se corrige a sí misma, que es la mejor versión posible de la historia.

Aunque el planeta no existe, 40 Eridani A sigue siendo una de las estrellas más interesantes para los telescopios actuales. Su proximidad la convierte en un blanco perfecto para futuras misiones que busquen mundos rocosos en la zona habitable. Y aunque ya no sea el hogar de Spock, sigue siendo un lugar fascinante para mirar cuando levantamos la vista.

La anécdota deja una lección bonita: a veces la realidad supera a la ficción, y otras veces la ficción nos ayuda a mirar con más atención la realidad. En este caso, Star Trek nos hizo prestarle atención a una estrella que de otra forma quizá habría pasado más desapercibida. Y los astrónomos, al final, nos dieron una historia casi tan buena como la original: la de cómo confundimos el latido de una estrella con un planeta lejano.

Desde Buenos Aires, con el cielo porteño muchas noches nublado, sigue siendo emocionante saber que a solo 16 años luz hay un sistema que alguna vez soñamos que albergaba una civilización lógica y fascinante. Aunque ya no haya planeta, la estrella sigue ahí, brillando, recordándonos que el universo es más raro y más interesante de lo que imaginamos.

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