19 junio, 2024

Vinos y altura Argentina

La Argentina es uno de los seis mayores productores de vinos del mundo y sus tierras altas reúnen las condiciones ideales para una producción de gran calidad; descubra las llamadas fincas de altura.

 

Esta característica que pocos argentinos conocen es exclusiva de apenas cuatro provincias pero, viñas de altura con mayúsculas sólo se encuentran en dos de ellas.

Se trata de fincas a más de 1500 metros sobre el nivel del mar ubicadas en Salta (Colomé, 1750 metros; Cafayate, 1600 metros) y Catamarca (Fiambalá, Tinogasta y Santa María, de 1500 a 1750 metros). Además, La Rioja (con 1400 metros al norte del Valle de Famatina), Mendoza (1200 metros en el oeste del Valle de Uco) y San Juan (1340 metros en El Pedernal) son otros exponentes de esta actividad.

En el alma del vino se aprecia la naturaleza del lugar que los vio nacer, y la altura sobre el nivel del mar les confiere ciertas características únicas en el mundo.

Es habitual partir de la premisa de que el vino nace en la uva, pero los metros sobre el nivel del mar en los que se desarrolla y el terruño de donde provienen resultan fundamentales para el resultado final. Esta apreciación no es nueva: en la antigua Roma se decía que Baco (dios del vino) amaba y admiraba a las montañas. Y está probado que las uvas que nacen en tierras altas son especiales, únicas en el mundo.

A mayor altura, más y mejor radiación solar, y así la amplitud térmica es mayor (días más calurosos y noches mas frescas). Se conoce como la «bendita amplitud térmica» a la que produce un clima ideal para el desarrollo de las vides.

En las alturas los vientos limpian el aire, la vegetación goza de excelente salud gracias a la ausencia de pesticidas, los suelos son más pobres y pedregosos y las aguas provenientes de los deshielos destilan pureza. Además, las lluvias suelen ser escasas.

Más altura = más taninos

Estas condiciones climáticas hacen que durante los últimos meses del período de gestación de la uva (en el país, de enero a marzo) ésta haga una maduración lenta y prolongada. Así, se desarrollan vides de granos más sufridos, pequeños y con mayor proporción de hollejos que de pulpa. Comienza a ser fundamental, entonces, en el caso de las uvas tintas, ya que en el hollejo se encuentran los taninos. Los vinos elaborados con estas uvas ofrecen una gran variedad de color, amplitud y profundidad de aromas y gran complejidad en boca. Además se convierten en mucho más aptos para la crianza en barricas, ya que a mayor acidez y proporción de taninos mayor es la posibilidad de obtener vinos de guarda.

 

En este sentido, el noroeste argentino muestra con orgullo algunas de las grandes bodegas de vinos de altura. En la catamarqueña Fiambalá, por ejemplo, la finca Don Diego produce unos Syrah excepcionales para acompañar comidas tradicionales como empanadas y asados, en sus variantes Syrah clásico, Syrah Roble y Syrah Cabernet Sauvignon.

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