21 mayo, 2024

“Al contemplar en las grandes ciudades esa inmensas aglomeraciones de seres humanos que van y vienen por sus calles y se concentran en manifestaciones de festivales y manifestaciones política, se incorpora en mí, obsesionante este pensamiento: ¿puede hoy un hombre de veinte años formarse un proyecto de vida que tenga figura individual y que, por lo tanto, necesitaría realizarse mediante sus iniciativas independientes, mediante sus esfuerzos particulares? Al intentar el despliegue de esta imagen en su fantasía, ¿no notara que es, si no imposible, casi improbable, porque no hay a su disposición espacio en que poder alojarlas y espacio en que poder moverse según su propio dictamen? Pronto advertirá que su proyecto tropieza con el del prójimo, como la vida del prójimo aprieta la suya. El desánimo le llevara con la facilidad de adaptación propia de su edad, a renunciar no solo a todo acto, sino hasta a todo deseo personal, y buscara la solución opuesta: imaginara para si una vida estándar, compuesta de desideratas comunes a todos, y vera que para lograrla tiene que solicitarla o exigirla en colectividad con los demás. He aquí la acción en masa”.

Como puede verse en la cita de Gasset, nos describe un hombre vulgar que no se exige nada así mismo, es quien no busca la superación, ni tiene sed por poseer más conocimiento del que ya tiene, se siente muy cómodo con lo que es para cambiar, piensa que es la mejor versión de si mismo, y la idea ser igual que los demás no le molesta en lo absoluto, se conforma y elige el camino fácil.

Como estudiante de gestoría veo cómo en las escuelas, colegios institutos y en las universidades, estamos rodeados de jóvenes y adultos que cabrían perfectamente dentro de la definición de hombre-masa que hace Ortega y Gasset. Jóvenes que carecen de proyectos propios y que de una u otra manera están a la deriva, perdidos en un mundo que les ofrece de todo , pero que es incapaz de atraerlos de forma sustancial para convertirlos en emprendedores constructores de una sociedad en desarrollo.

Jóvenes que sienten apatía por la política y por el amplio espectro de idea que los rodea. Jóvenes que no agradecen nada y que ven la educación el alcance a los avances tecnológicos, a la sanidad, el dinero y a una serie de otras bondades de nuestra sociedad como un absoluto derecho propio,

irrevocable e incuestionable. No se preguntan porqué  existen todos estos avances y este generoso sistema que les proporciona la accesibilidad a este enorme aparato de posibilidades que tiene a su alcance.

En las últimas dos décadas hemos podido observar como el fracaso escolar, con estudiantes desmotivados que no quieren ir a estudiar, se ha incrementado, año tras año. Jóvenes que desprecian cualquier actividad intelectual que signifique esfuerzo y prolijidad, jóvenes que confunden el acceso a la información (sobre todo internet) con el conocimiento adquirido, asimilado y expresado. Desprecian la lectura como acto intelectual necesario para el desarrollo del pensamiento.

Pero también pienso que el hombre que vive plenamente estará en tensión permanente, buscara constantemente la mejora y tendrá un auténtico proyecto vital.

La historia no está escrita, no la ha trazado de antemano una divinidad toda poderosa. Es obra solo humana y por eso “todo, todo es posible en la historia, lo mismo que en el progreso triunfal e indefinido que la periódica regresión”

Este texto de 1929, que escribe Ortega y Gasset, quien era un periodista, filosofo, sociólogo, erudito español, pensando en las sociedades europea de su tiempo 1930, principio del siglo XX, y en las sociedades industrializadas que ya habían pasado por la primer guerra mundial, que era de 1914 a 1918, eran sociedades fuertemente industriales, ya se venían industrializando desde el siglo XVIII.

Como ya habíamos dichos, las sociedades modernas industriales sí o sí se articulan a través de organizaciones, y este fenómeno ocurren en las grandes ciudades, las organizaciones públicas y privadas, etc.

Como consecuencia de este desarrollo industrial, el hombre que vivía disperso en el campo migra hacia las grandes ciudades, en busca de mejores oportunidades de trabajo y mejor calidad de vida. Es así como las ciudades se transforman en grandes centros con más cantidad de población.

En la sociedad moderna y gracias a las organizaciones e industrias con gran desarrollo tecnológico, el hombre ha ido evolucionando, consiguiendo para sí una vida más digna y organizada. Y esto a la vez hace la vida más compleja. Es así como también un gran porcentaje de los hombre se han profesionalizado como nosotros los Gestores, para ayudar al prójimo en la complejidad de organizar sus vidas, con un sin números de tramites difíciles de entender y comprender y que le demandaría mucha pérdida de tiempo e incomodidades. El desempeño de nuestra gestión es de gran ayuda e importancia para una buena calidad y gozar de la vida en el hombre.

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