16 junio, 2024

Salvador de Bahía, Brasil. Destino ideal para pausar el año laboral aprovechando los vuelos de bajo costo fuera de temporada alta. El lugar que mejor representa el espíritu de la fiesta brasilera, con una historia muy rica de raíces africanas, con su música, prácticas religiosas, colores, y sus playas de aguas calientes, que lo convierte en un destino fascinante.

El secreto que atrapa la mirada de los viajeros tal vez sea el mismo que describió con delicadeza Jorge Amado, en sus anécdotas sobre las hermosas mujeres bahianas como Doña Flor, de ojos brillantes y labios carnosos, que aún parecen pasearse por las calles empedradas del Pelourinho.

Y qué decir de los bahianos! Son bullangueros, gritan y hablan fuerte todo el tiempo y venden desde sombreros hasta información y en la misma vorágine el olor a fritura tuerce las miradas hacia el acaracé que de pronto se convierte en algo irresistible de probar, de parado en plena calle. La capoeira, mezcla de danza y artes marciales llegadas de Africa al son del berimbao, invitan a los turistas a un expectáculo privado y pago en alguna casa o local del centro histórico. O las cintas coloridas de Bomfin anudada a la muñeca, con el deseo de volver, aún antes de partir, en un intento de compartir las creencias religiosas de los bahianos.

La arquitectura colonial del barrio del Pelourinho está repleta de iglesias y santuarios que expresan el sincretismo religioso, declarado Patrimonio Histórico y Arquitectónico. La Plaza Batista es el escenario habitual de Olodum, grupo popular surgido de las clases más pobres, que presenta la escencia percusiva de la música negra, movimiento que denuncia la discriminación negra en el mundo. El Mercado Modelo, una visita imperdible que ofrece desde recuerdos hasta deliciosas moquecas, mariscadas, carurú y abará, comidas típicas para todos los bolsillos.

La religiosidad del bahiano, se expresa en la práctica del candomblé, en lugares llamados terreiros donde se practican las fiestas religiosas. Hay algunos preparados para el público, dado que los rituales originales, suelen ser impresionables para algunos turistas por el uso de animales.
El barrio histórico resume todo eso junto: olores, colores, pieles oscuras, mujeres que ofrecen sus artes para ganarse la vida, baile, masajes, y niños que a pura miseria piden en las iglesias y en cada rincón. Es una verdadera expresión sincrética de costumbres africanas, portuguesas y criollas.

No debe haber casi nadie en Bahía que no tenga un antepasado negro, esos que alguna vez llegaron desde Africa y Portugal como esclavos, y no pudieron bajar del barco, más que con sus costumbres y sus dioses. Mientras camino, y me dejo sorprender en todos mis sentidos, hay algo de esas historias y de esas miradas que muestran que allí están, resistiendo en cada rincón de la Bahía.

Por Mirta Gómez

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