Soto de la Barca, el pueblo asturiano abandonado que tenía cine, escuela y consultorio médico
Nació en 1965 para albergar a los trabajadores de la central térmica de Narcea y llegó a tener 500 vecinos. Tras el cierre definitivo de la planta en 2020, se vació a cámara lenta y hoy queda prácticamente deshabitado.
Soto de la Barca no es un pueblo fantasma de película. Es un lugar real en Tineo, Asturias, que nació en 1965 exclusivamente para dar vivienda a los trabajadores de la central térmica de Narcea, a orillas del río del mismo nombre. Tenía cine, escuela, club social con bar, piscina, zonas deportivas, parroquia, economato y hasta consultorio médico. Llegó a sumar 500 vecinos y 250 empleos directos en la planta.
El cierre de la térmica en junio de 2020, junto con otras seis centrales españolas, dejó al pueblo sin razón de ser. Se vació de forma gradual, nómina a nómina, sin la urgencia dramática de una evacuación nuclear como la de Prípiat. Hoy quedan apenas 24 vecinos censados y las casas, chalets y bloques muestran humedad, grietas y maleza que trepa por las paredes. Dentro aún se encuentran pupitres, libros, material médico y objetos personales, como si la salida hubiera sido apresurada.
La térmica de Narcea empezó a operar en 1965 quemando carbón del suroccidente asturiano y del norte de León. Creció en los años siguientes hasta tener tres grupos y en 2000 alcanzó su pico de producción: 3.855 GWh. Desde entonces la actividad fue cayendo. En 2014 ya solo generaba 916 GWh. En 2016 se autorizó el cierre del grupo más pequeño y en 2018 Naturgy pidió el cierre total. Cuando salió de la red eléctrica en 2020, la plantilla propia era de 81 personas más 48 de empresas auxiliares.
En 2022 Naturgy firmó la cesión del poblado al Ayuntamiento de Tineo. Al año siguiente, el Instituto para la Transición Justa concedió 3,5 millones de euros para rehabilitar 14 viviendas unifamiliares y crear el primer cohousing impulsado por un ayuntamiento en España. El proyecto obtuvo la mejor nota de todo el país. Sin embargo, en 2025 el consistorio devolvió el dinero.
La alcaldesa explicó que el nuevo equipo de gobierno que asumió en junio de 2023 se encontró con plazos incumplidos. Los concursos para reformar las viviendas y urbanizar el poblado tuvieron problemas: uno quedó desierto y el otro no se llegó a adjudicar. El concejal de Urbanismo llegó a calificar la cesión como un “regalo envenenado”, porque el conjunto es patrimonio de interés cultural y su mantenimiento exige un presupuesto importante.
Mientras tanto, el desmantelamiento de la central avanzó. En diciembre de 2023 volaron la torre de refrigeración y en septiembre de 2024 eliminaron lo que quedaba de la fábrica. El proceso concluyó en octubre de 2025. La parcela, casi toda zona inundable, sigue sin un plan claro de reutilización industrial pese a promesas de un polígono empresarial.
Los robos y vandalismo se multiplicaron desde que empezó el desmantelamiento. Desapareció el busto de bronce del empresario Higinio González, promotor original del proyecto. Los vecinos retiraron las campanas de cobre de la iglesia para evitar que se las llevaran. En junio de 2026 apareció rota una de las hojas de la puerta del templo.
Rubén Domínguez, de la Universidad de Oviedo, defiende una rehabilitación integral que respete el diseño original del arquitecto Ramón Vázquez Molezún. Argumenta que si se vuelve a habitar, el conjunto se pondrá en valor de forma natural. La prensa local ya lo compara con Perlora, el antiguo balneario obrero de Carreño que también quedó abandonado.
Casos similares abundan. En España, La Robla —otra térmica de Naturgy— también cerró en 2020 y tiene sobre el papel un proyecto de planta de hidrógeno que acumula retrasos. En Japón, la isla minera de Hashima se vació en tres meses en 1974 y hoy es Patrimonio de la Unesco.
A mediados de octubre de 2026, Soto de la Barca sigue esperando un proyecto concreto. El último anuncio relevante fue la adjudicación de un nudo de red para una futura central hidroeléctrica de bombeo, pero eso no resuelve directamente el futuro del poblado. Por ahora, sus calles vacías y sus edificios deteriorados son el testimonio silencioso de cómo un pueblo entero puede desaparecer cuando desaparece su única razón de existir.