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Si Netflix o Sony compran Letterboxd, perdemos un oasis pre-algoritmo

La app de cinefilia está en venta y los posibles compradores (Netflix, Sony, A24) generan temor. No es por la publicidad, sino por el riesgo de que su comunidad y descubrimiento orgánico terminen convertidos en otro feed algorítmico.

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Celular mostrando un feed de redes sociales genérico
(CC BY 4.0 — libre difusión con atribución a Q Company)

Letterboxd busca nuevo dueño y el anuncio encendió las alarmas entre sus usuarios. La plataforma que convirtió el registro de películas vistas en una experiencia social y comunitaria podría terminar en manos de Netflix, Sony, Paramount, A24 o incluso el New York Times.

El miedo no pasa tanto por la desaparición de la app, sino por el fin de Letterboxd tal como lo conocemos: un espacio donde seguís a gente por su criterio, descubrís películas a través de listas personales y encontrás comentarios ingeniosos que parecen memes entre amigos. Esa cultura old school, donde el algoritmo no decide por vos, es lo que la hace valiosa.

Antes de que todo fuera “para ti”, el descubrimiento dependía de los círculos que uno mismo armaba. Letterboxd conserva parte de ese espíritu: elegís a quién seguir y, a través de sus reseñas breves o puntuaciones, armás tu propio mapa cinéfilo. No es un crítico de un medio grande, es el criterio de gente como vos que comparte la misma pasión.

Lo que hace única a la plataforma no es solo su funcionalidad para llevar un registro o armar watchlists. Es la cultura que se generó alrededor: frases lapidarias, bromas internas, películas que vuelven a circular porque un grupo de usuarios insistentes las rescata. Seguir a alguien en Letterboxd es seguir su gusto, no solo sus reseñas.

Ahora que vale alrededor de 250 millones de dólares (después de que un holding canadiense comprara el 60% en 2023 por poco más de 50 millones), se convirtió en un activo comercial atractivo. Ahí aparece la paradoja: lo que la hace especial también la hace deseable para grandes jugadores que, lógicamente, querrán rentabilizarla.

El riesgo es la “mierdificación” gradual: más recomendaciones algorítmicas, gamificación, empujar la versión paga, priorizar ciertos contenidos para aumentar engagement. Cambios que no siempre mejoran la experiencia del usuario, pero sí los números. Ya vimos ejemplos parecidos: Goodreads pasó a Amazon en 2013 y muchos usuarios lo perciben como una extensión comercial de la empresa. Substack, nacido como alternativa a los blogs algorítmicos, cada vez incorpora más sistemas de recomendación.

Por eso surgió una propuesta distinta. Intrinsic Entertainment Collaborative, una empresa de beneficio público fundada por la cineasta Elizabeth Joyce, lanzó una campaña de micromecenazgo para comprar la plataforma y convertirla en una cooperativa. La idea es que los propios usuarios tengan voz sobre el futuro del espacio que habitan.

Esta batalla va más allá de una app de cine. Es la defensa de un pedazo de internet que todavía funciona con reglas pre-algoritmo: vos elegís tus círculos, descubrís por esfuerzo propio y formás comunidad real. Si Letterboxd termina convertido en otro feed personalizado que prioriza métricas por sobre criterio, perdemos algo más grande que una herramienta para puntuar películas.

Para los que usamos la app a diario, el cambio no sería solo de interfaz o de publicidad. Sería perder ese oasis donde las reseñas breves e ingeniosas importan más que un análisis sesudo y donde todavía sentís que estás entre pares, no dentro de un algoritmo que decide qué ver y qué opinar.

El veredicto es incómodo: una comunidad sana genera valor cultural y económico al mismo tiempo. Y ese valor es exactamente lo que la pone en riesgo. Ojalá la solución cooperativa prospere. Porque si no, Letterboxd corre el riesgo de convertirse en otra prueba de que lo bueno de internet termina siendo absorbido y modificado hasta que deja de ser lo que era.

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