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Multimillonarios compran búnkeres privados dentro de montañas en los Alpes suizos

Brünig Mega Safe convierte una montaña en una ciudad subterránea de bóvedas de lujo para guardar oro, arte, autos y, cada vez más, para vivir. Precios desde 1 millón de francos suizos y finalización prevista para 2027.

Publicado el 23 de agosto de 2026, 08:30 hs

Multimillonarios compran búnkeres privados dentro de montañas en los Alpes suizos
Xataka — Tecnología en Español

En plena cordillera de los Alpes, a gran profundidad bajo el puerto de Brünig, operarios están volando más de 100 metros de roca caliza para crear un proyecto que parece sacado de una película: una ciudad subterránea de bóvedas privadas para los más ricos del planeta.

La empresa Brünig Mega Safe está transformando una montaña cerca de la aldea de Lungern, al suroeste de Lucerna, en una fortaleza de alta seguridad pensada para proteger oro, obras de arte, colecciones de vino, superdeportivos y, cada vez más, a los propios dueños. Según un reportaje de The Times, el complejo contará con hasta 25 cavernas privadas, cada una accesible por un túnel lo suficientemente ancho para que entre un camión.

Los precios arrancan en alrededor de 1 millón de francos suizos (más de 1,3 millones de dólares al cambio actual) y se venden como arrendamientos a 99 años con registro de propiedad, lo que permite incluso hipotecar la bóveda. La temperatura natural se mantiene en 13 °C, ideal para conservar vino y arte sin necesidad de sistemas adicionales.

Para llegar a las bóvedas hay que pasar varios controles de seguridad que la empresa no revela. Los periodistas que visitaron el lugar ni siquiera pudieron acercarse a la entrada real. El presidente de la compañía, Thomas Gasser, explicó que el objetivo es ofrecer algo más que una simple caja fuerte: también zonas de retiro privadas y salones, casi como un estilo de vida de aislamiento de lujo.

Este fenómeno no surge de la nada. Según un estudio de HSBC citado por CNBC, los inversores más adinerados aumentaron su tenencia de oro del 5% al 11% de su cartera en los últimos años. La desconfianza en divisas, gobiernos y sistemas financieros, agravada por guerras, tensiones comerciales e incertidumbre económica, empuja a los millonarios a buscar refugios físicos más seguros que los bancos tradicionales.

Suiza tiene larga tradición en esto. Lleva décadas adaptando antiguos búnkeres militares de la Guerra Fría para convertirlos en bóvedas privadas y centros de datos de alta seguridad. Empresas como Swiss Gold Safe ya operan en otros puntos de los Alpes y la demanda sigue creciendo.

El caso de Brünig Mega Safe va un paso más allá: no solo guarda objetos, sino que vende la posibilidad de refugiarse uno mismo. No es el único ejemplo. Mark Zuckerberg construye en Hawái un complejo fortificado con refugio subterráneo, reservas de comida y agua y una escotilla de escape. Bill Gates también tiene búnkeres bajo varias de sus propiedades, según reportes periodísticos.

“Durante mucho tiempo Dubái se consideraba un lugar seguro. Hoy esa sensación se está poniendo en duda. La gente quiere resguardar parte de su patrimonio”, declaró Gasser a la televisión suiza RTS.

No todos en Lungern están felices. Algunos vecinos se quejan de que se construye un refugio para quienes “ya tienen suficiente dinero”, mientras otros bromean con la idea de ver Ferrari circulando por las carreteras alpinas.

El proyecto se espera que esté terminado durante 2027. Mientras tanto, la tendencia de los multimillonarios a preparar planes B físicos sigue en aumento. En un mundo cada vez más incierto, una montaña entera en los Alpes parece la caja fuerte definitiva.

¿Qué significa esto para Argentina? Aunque Suiza queda lejos, el fenómeno refleja una preocupación global que también se siente en nuestro país. Ante devaluaciones, cepos cambiarios e inflación crónica, muchos argentinos de altos ingresos ya diversifican parte de su patrimonio en oro físico, cripto o propiedades en el exterior. Que los más ricos del mundo estén comprando literalmente montañas para guardar sus bienes es un síntoma extremo de la misma desconfianza que muchos sienten acá cuando piensan en el sistema financiero local.

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