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La batalla por las armas 3D impresas ya empezó: el hack que burla los bloqueos

Cody Wilson, el creador de la primera pistola 3D, lanzó ‘Hochulization’, una herramienta que modifica archivos para evadir el software de detección que Nueva York quiere obligar en las impresoras. Arranca el juego del gato y el ratón.

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La batalla por las armas 3D impresas ya empezó: el hack que burla los bloqueos
The Verge — Noticias Tech

Cody Wilson, el tipo que imprimió la primera pistola 3D del mundo en 2013, acaba de tirar la primera granada en la pelea que se viene por las armas fantasma. Creó una herramienta llamada “Hochulization” —un palo en el ojo directo a la gobernadora de Nueva York, Kathy Hochul— que modifica los archivos de diseños para que el software de bloqueo que se quiere imponer no los reconozca.

La idea es sencilla y efectiva en lo técnico. Los sistemas de detección que proponen las leyes se basan principalmente en hashes: un código único que se genera de cada archivo. Si el hash coincide con uno de una lista prohibida, la impresora no imprime. Hochulization agrega unos bytes mínimos al archivo, cambia el hash por completo, pero el objeto que sale de la impresora sigue funcionando exactamente igual. Un silenciador o un marco de pistola se imprimen sin problema.

Wilson, desde Austin, Texas, lo presenta como una medida de “autodefensa” contra lo que considera vigilancia digital invasiva. Su plataforma DEFCAD, el repositorio más grande de archivos de armas 3D, tiene más de 200.000 diseños. Quiere aplicar este tratamiento a todos los archivos por default y además va a liberar la herramienta como open source para que cualquiera la use.

En la práctica, esto significa que un enfoque basado solo en hashes es fácil de burlar. Y Wilson lo sabe: ya empezó a “hochulizar” los archivos de su repositorio. El objetivo es obligar a los reguladores a elegir entre un sistema más agresivo (probablemente con IA que analice la geometría de los modelos) o admitir que el control es mucho más complicado de lo que parece.

El contexto argentino y regional

Acá en Argentina las impresoras 3D ya son relativamente accesibles. Cualquiera con una Ender o una Prusa y algo de conocimiento puede bajar archivos de DEFCAD. Aunque la ley de armas es estricta, las “ghost guns” —armas sin número de serie— representan un dolor de cabeza para las fuerzas de seguridad. No es un fenómeno masivo todavía, pero el crecimiento es real: lo que en Nueva York pasó de 1 arma 3D confiscada en 2021 a 109 en 2024 se repite en varias ciudades del mundo.

En nuestro país, donde el control de armas ya es un tema sensible, este tipo de tecnología genera preocupación. Componentes como switches que convierten pistolas en ametralladoras o silenciadores (que requieren permisos especiales) se pueden fabricar en un sótano. El caso de Luigi Mangione en Estados Unidos, que usó un arma parcialmente impresa en 3D y un silenciador, mostró lo peligroso que puede ser el vacío legal.

Más allá del hashing: adversarial noise y falsos positivos

Wilson y su equipo no se quedaron solo en el truco de los hashes. Desarrollaron su propio modelo de IA para detectar armas y probaron que, agregando pequeños “ruido adversarial” —un bulto inútil de geometría o guardando el mesh de otra forma— logran que el sistema falle. Según sus pruebas, incluso un detector entrenado con datos de calidad tiene un 30% de falsos positivos. Eso significa que una funda de e-reader o una pieza inocente podría ser bloqueada, algo que preocupa a la comunidad maker que nada tiene que ver con armas.

Hay un riesgo claro de que esta tecnología de escaneo se expanda. Lo que empieza como control de archivos de armas puede terminar siendo usado por empresas para proteger copyright o patentes. Es el mismo miedo que expresan activistas de derechos digitales: una vez que metés un escáner obligatorio en las impresoras, abrís la puerta a más vigilancia.

El debate legal y político

Wilson es un crypto-anarquista declarado y defensor a ultranza de la Segunda Enmienda. Para él, los archivos de armas son código y, por lo tanto, expresión protegida por la Primera Enmienda. Ya peleó esto en tribunales contra el Departamento de Estado cuando quiso sacar online los planos del Liberator. Esa pelea sigue abierta.

En Nueva York, la ley impulsada por Hochul forma parte del presupuesto 2027 y obliga a las nuevas impresoras a tener software de bloqueo. California va por el mismo camino con el proyecto AB 2047, que prohibiría vender impresoras que no estén en una lista de modelos “seguros” a partir de diciembre de 2029. Ninguna de las dos leyes detalla exactamente cómo tiene que ser ese software, y ahí es donde Wilson quiere meter presión: mostrar que el camino fácil (hashing) no sirve y que el camino duro (IA) va a generar muchos falsos positivos y resistencia.

¿Es inevitable el gato y el ratón?

Por ahora, el hashing es mejor que nada. No todos los usuarios van a tomarse el trabajo de crear cuenta en DEFCAD, bajar la herramienta y modificar los archivos. Pero para los que sí están motivados —desde aficionados hasta grupos más problemáticos— el workaround ya existe.

La tecnología de impresión 3D avanzó muchísimo desde aquel Liberator de un solo tiro de 2013. Hoy hay modelos como el FGC-9 que disparan ráfagas de alta velocidad y se han visto en manos de neonazis en Europa y rebeldes en Myanmar. El problema no es solo las armas completas: los componentes son aún más peligrosos porque convierten armas legales en ilegales.

El juego del gato y el ratón ya empezó. Wilson tiró el primer movimiento. Ahora les toca a los legisladores, a los expertos en IA y a los fabricantes de impresoras decidir cómo responden. Lo que está claro es que cualquier solución técnica va a tener que ser mucho más sofisticada que una simple lista de hashes si realmente quieren frenar la marea.

Fuente: The Verge

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