Inventó la cápsula de Nespresso y Nestlé ganó miles de millones: su creador se fue con tres meses de sueldo
Eric Favre creó el sistema de cápsulas que revolucionó el café en casa, pero al ser empleado de Nestlé nunca cobró royalties. Hoy Nespresso es un imperio y él se retiró sin fortuna.
La cafetera de cápsulas se volvió un objeto común en oficinas, casas y hasta en algunas cafeterías. Más allá de si el café sale bueno o no, el invento cambió por completo el mercado de la cafeína. Todo empezó con un ingeniero suizo llamado Eric Favre.
En 1975, Favre trabajaba en el departamento de packaging de Nestlé después de graduarse como ingeniero en aerodinámica en la Escuela Politécnica Federal de Lausana. Viajó a Roma con su esposa Anna-Maria, italiana y fanática del café. Allí observó cómo los baristas preparaban espresso: pasaban el agua caliente a intervalos por el café molido.
La clave estaba en el aire. Favre entendió que la oxigenación del agua era fundamental para extraer los aromas. De vuelta en Suiza, se propuso crear una máquina para uso doméstico que replicara ese principio. Lo resumía en una fórmula simple: espuma igual a aire más agua más aceite de café.
El desafío era generar un espacio cerrado que conservara el aire antes de que llegara el agua a presión. Así fue como desarrolló un prototipo que terminó reduciéndose a la cápsula estanca que hoy conocemos. Convirtió una enorme máquina de espresso en algo pequeño y práctico para cualquier hogar.
Sin embargo, Nestlé no veía el potencial. La empresa estaba enfocada en el café soluble y no terminaba de convencerse del negocio de las máquinas para casa. Favre insistió, pero su relación con los jefes se complicó. En una entrevista de 2017 contó que lo veían como “un elemento incontrolable” y que entre 1975 y 1980 la compañía creía que el futuro estaba en el soluble.
Aun así, siguió adelante. Junto al fabricante suizo Turmix perfeccionó el sistema y en diciembre de 1976 registró la patente: “Cartucho perfeccionado para confeccionar una bebida”. Recién en 1985 Nestlé dio luz verde al proyecto. Las primeras cápsulas salieron al mercado en 1986, primero en Suiza, Italia y Japón.
Lo que empezó como un experimento se transformó en un imperio. Nespresso no solo vende café: vende máquinas, cápsulas y una experiencia premium. Usó publicidad con George Clooney y David Beckham, abrió boutiques lujosas y apostó a la compra recurrente de cápsulas. Hoy es un negocio colosal: solo en el primer semestre de 2025 generó 6.481 millones de francos suizos.
La patente original de Favre ya venció hace años y hoy hay muchas marcas de cápsulas compatibles. Pero el detalle más llamativo es que él nunca se hizo rico con su invento. Como desarrolló todo mientras era empleado de Nestlé, la empresa quedó como titular de la patente. Cuando dejó la compañía el 21 de marzo de 1990, según contó él mismo, recibió solo tres meses de salario.
A finales de 1989 Nespresso ya había vendido 29 millones de cápsulas en el mundo. Favre se fue unos meses después sin royalties. El invento que imaginó en los años 70 terminó generando miles de millones para Nestlé, pero su creador siguió su camino con lo que le correspondía como empleado.
Esta historia sirve de recordatorio de cómo funcionan las patentes cuando se inventa dentro de una empresa. Muchas veces el empleado recibe un reconocimiento simbólico o nada, mientras la compañía se queda con los derechos y los beneficios a largo plazo. Favre, al menos, vio cómo su idea cambiaba la forma en que millones de personas prepararon café todos los días.