Drones que arrojan fuego sobre trincheras: el nuevo infierno que revive el terror de la Primera Guerra Mundial
Los drones dragón ucranianos que liberan termita incandescente sobre posiciones enemigas generan un escenario que recuerda el shock tecnológico que vivieron los soldados en 1914-1918 con el gas y los tanques.
Un vídeo difundido hace unas horas muestra drones volando bajo sobre una trinchera y derramando material incandescente que prende todo a su paso. La escena parece sacada de una película de terror, pero es un ejercicio militar real en el frente de Ucrania.
Esta es una de las evoluciones más perturbadoras de la guerra de drones que ya lleva años transformando pequeños cuadricópteros comerciales en armas letales. Para quien lo mira desde afuera genera una sensación familiar: la de estar en medio de un conflicto donde de repente aparece una tecnología sin contramedida clara.
La Primera Guerra Mundial fue el gran ejemplo de este fenómeno. Los ejércitos entraron en 1914 con tácticas del siglo XIX y terminaron combatiendo en un campo de batalla industrializado con artillería masiva, ametralladoras, aviación, lanzallamas, gas venenoso y, hacia el final, tanques que rompían las líneas de trincheras.
El caso más impactante ocurrió en Ypres el 22 de abril de 1915, cuando los alemanes liberaron más de 160 toneladas de cloro que formaron una nube verdosa. Los soldados no entendían qué veían. Hubo pánico, luego protecciones improvisadas y finalmente máscaras cada vez más efectivas. Un año después llegaron los tanques, obligando a todos a aprender nuevas formas de sobrevivir mientras seguían combatiendo.
Lo curioso es que lo que más miedo genera no siempre es lo que más mata. El gas se convirtió en símbolo de horror pero nunca fue el arma decisiva que se temía. Las contramedidas avanzaron rápido y su efectividad cayó. Sin embargo, como recuerda el Imperial War Museum, siguió siendo una herramienta psicológica poderosa: solo la amenaza obligaba a ponerse máscaras, ralentizaba operaciones y generaba tensión constante.
Los primeros tanques también eran más terroríficos que efectivos: lentos, incómodos y con fallos mecánicos frecuentes. El paralelismo con Ucrania es claro.
Ucrania empezó a mostrar sus “drones dragón” en septiembre de 2024. Son cuadricópteros modificados que llevan termita, una mezcla de aluminio y óxido de hierro que alcanza los 2.200 °C al reaccionar. El dron vuela despacio y suelta el compuesto encendido, creando una cascada de metal fundido que prende la vegetación y todo lo que toca.
La solución es relativamente sencilla y reproducible. Analistas ya anticipaban que Rusia podría copiarla rápido. Y resuelve un problema concreto del frente: las líneas de árboles que separan los campos sirven de cobertura para tropas, vehículos y depósitos. Estos drones permiten quemar esa vegetación desde arriba, revelar posiciones y generar incendios o explosiones secundarias.
Un caso documentado muestra a una unidad rusa que perdió equipos, armas, municiones, vehículos y generadores después de uno de estos ataques. Aun así, no es un arma milagrosa. Su mayor valor aparece cuando forma parte de una cadena: detecta o degrada la posición y luego entran la artillería y las tropas de asalto.
El efecto psicológico parece pesar más que el físico. Nicholas Drummond, ex oficial británico y analista, señaló que se trata de una capacidad de nicho cuyo impacto es “más psicológico que físico”. Mandos ucranianos admitieron que a veces se necesitan varios aparatos sobre el mismo tramo sin lograr efectos claros si la vegetación no prende.
Para el soldado en la trinchera, que ya vive bajo la amenaza constante de FPV que lo persiguen y explotan, el dron dragón añade un nuevo terror: que su propio refugio empiece a arder desde el cielo. La imagen es infernal aunque el resultado táctico sea modesto en muchos casos.
El vídeo no es solo una secuencia impactante. Muestra el patrón que se repite en cada guerra moderna: la tecnología evoluciona más rápido que la capacidad de los combatientes para adaptarse. En 1915 hubo que aprender a sobrevivir a una nube de gas. Después llegaron máscaras, artillería, aviones y tanques. En Ucrania llevan años haciendo lo mismo con drones de reconocimiento, FPV suicidas, interceptores y ahora estos aparatos que arrojan fuego.
Visto desde afuera parece ciencia ficción. Para quienes están debajo, es simplemente la siguiente amenaza de la que tienen que aprender a esconderse.