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Cuando un estudiante prometió 1.000 dólares haciéndose pasar por Bill Gates y su broma se volvió imparable

En 1997, Bryan Mack creó un mail falso en tres minutos como broma. Lo que empezó como una burla entre amigos terminó inundando miles de bandejas de entrada y resistiendo desmentidos durante años.

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Como identificar una cuenta falsa
(CC BY 4.0 — libre difusión con atribución a Q Company)

El 18 de noviembre de 1997, Bryan Mack estaba en un laboratorio de computación de la Iowa State University cuando vio a un compañero recibir uno de esos famosos correos cadena que prometían dinero fácil. En menos de tres minutos, decidió que podía inventar algo mejor.

Escribió un mensaje haciéndose pasar por Bill Gates. Contaba que Microsoft había desarrollado un programa que rastreaba cada reenvío de mail. Si la cadena llegaba a 1.000 destinatarios, cada uno recibiría 1.000 dólares cortesía del propio Gates. El asunto era simple: “bill gates here”.

Lo mandó a un amigo de Loras College, en Dubuque. Ese amigo se rio y lo reenvió. En pocos días, el mail empezó a llegar a desconocidos que le escribían a Mack preguntando por el dinero. Después de Acción de Gracias, volvió a la universidad y encontró su cuenta de mail bloqueada, con casi un gigabyte de mensajes acumulados. Miles y miles de personas le exigían el premio.

La broma ya no le pertenecía. Dos semanas después le llegó una versión modificada donde su nombre había desaparecido, el remitente era y el premio incluía además una copia gratis de Windows 98. Poco tiempo más tarde aparecieron variantes firmadas por “Walt Disney Jr.” que ofrecían 5.000 dólares y vacaciones.

Con el tiempo, el esquema se replicó con decenas de marcas. IBM, Nokia, Honda, British Airways, Disney, Coca-Cola y Gap fueron algunas de las que aparecieron en versiones posteriores. En 1999, una cadena aseguraba que Honda daba 200 dólares de crédito por cada amigo al que se reenviara el mensaje. La empresa tuvo que publicar un desmentido oficial, pero igual recibía llamadas de gente que quería cobrar.

Ni el propio Bill Gates consiguió frenarlo. En marzo de 1998 lo calificó públicamente de “hooey” (una patraña), pero el mail siguió circulando durante años. La gente lo reenviaba por distintas razones: porque confiaba en quien se lo mandaba, porque pensaba que no perdía nada o porque realmente creía que Microsoft podía rastrear los correos de esa forma.

Esa falta de familiaridad técnica con cómo funcionaba el correo electrónico en los 90 fue uno de los ingredientes clave. En esa época, muchos usuarios todavía no entendían bien qué era posible y qué no en un mail. La simple acción de pulsar “Reenviar” le daba al mensaje una credibilidad que no merecía.

Lo más llamativo es que nadie orquestó todo lo que vino después. Las firmas automáticas daban autoridad, distintas versiones se mezclaban y algunas variantes se propagaban mucho más que otras. Mack había escrito apenas unas líneas como chiste, pero Internet las convirtió en un virus que mutaba sin dejar de ser reconocible.

Años antes de que existieran las redes sociales, los algoritmos o los trends, ya habíamos descubierto una forma primitiva pero efectiva de fabricar virales: que cada persona que lo recibía decidiera enviárselo a alguien más. El mail de Bryan Mack es un recordatorio temprano de cómo una idea simple puede escaparse de control en internet y vivir mucho más tiempo del que nadie imaginó.

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