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Botijos granadinos, nieve romana y una imprenta en Brooklyn: la historia del aire acondicionado

Desde los sistemas de agua de los egipcios y árabes hasta el primer aparato moderno de Willis Carrier en 1902, repasamos la larga evolución de cómo la humanidad logró enfriar el aire que respiramos.

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Botijos granadinos, nieve romana y una imprenta en Brooklyn: la historia del aire acondicionado
Xataka — Tecnología en Español

El calor extremo que estamos viviendo en distintos puntos de América Latina y el mundo vuelve a poner en el centro al aire acondicionado. Esa máquina que hoy parece tan cotidiana tiene detrás una historia de más de dos mil años llena de inventos ingeniosos, experimentos científicos y soluciones que hoy nos parecen rudimentarias.

Ya los egipcios usaban esteras humedecidas para refrescar sus casas. Los romanos, además de masticar nieve (algo que criticaba Séneca), crearon redes de acueductos y tuberías para hacer circular agua fría por sus villas. Los árabes perfeccionaron esa idea y en la Alhambra de Granada todavía se pueden ver escaleras por las que corría agua de forma permanente para bajar la temperatura.

En la Escuela de Estudios Árabes del CSIC en Granada quedan huecos donde colocaban botijos llenos de agua para refrescar los muros y aislar las habitaciones del calor. Ese mismo principio del botijo —evaporación que enfría— se aplicó de distintas formas a lo largo de la historia combinando muros gruesos, piedra, agua y corrientes de aire.

El salto hacia lo que hoy conocemos como aire acondicionado moderno empieza en 1758. Benjamin Franklin y el químico John Hadley observaron que la evaporación de alcohol y otros líquidos volátiles podía enfriar objetos de manera notable. En 1820 Michael Faraday notó el mismo efecto con amoníaco. En 1834 Jacob Perkins patentó la primera máquina de refrigeración por compresión de vapor, base de los sistemas actuales.

En 1851 el doctor John Gorrie, convencido de que el frío ayudaba contra enfermedades tropicales, patentó una máquina para fabricar hielo en Florida. Pero el año que realmente cambió todo fue 1902 en Brooklyn.

La imprenta Sackett-Wilhelms sufría porque los cambios de temperatura y humedad arruinaban el registro de color en sus impresiones. Contrataron a Willis Carrier, un joven ingeniero de la Buffalo Forge, quien desarrolló el “Aparato para Tratar el Aire”, el primer sistema de climatización de la historia.

Ese invento no solo resolvió el problema de la imprenta: revolucionó la industria textil del sur de Estados Unidos. En la Chronicle Mill de Carolina del Norte, la humedad controlada evitó la electricidad estática que rompía las fibras de algodón. El sistema se expandió rápidamente.

En 1922 la compañía de Carrier lanzó la máquina de refrigeración centrífuga, mucho más segura porque evitaba el uso de amoníaco. Los grandes almacenes Hudson de Detroit fueron los primeros comercios climatizados en 1924. Un año después llegó el primer teatro con aire acondicionado: el Rivoli de Nueva York.

Los primeros aparatos domésticos aparecieron en 1928, pero la Gran Depresión frenó su adopción. Después de la Segunda Guerra Mundial empezaron a llegar a las casas. En 1965 solo el 10% de los hogares norteamericanos los tenía. En Europa la penetración fue mucho más lenta porque las temperaturas no son tan extremas.

Hoy esa realidad está cambiando. En países como Alemania, que alcanzó 41,7 °C en junio de 2026, las ventas de aires portátiles se dispararon un 130% en la primera mitad del año. En España se registraron más de 5.200 muertes atribuibles al calor hasta fines de agosto, la cifra más alta desde 2015.

Enfriar cuesta mucha energía. En 2016 había 1.600 millones de aparatos que consumían casi el 10% de toda la electricidad mundial. La Agencia Internacional de la Energía estima que en 2050 habrá 5.600 millones de unidades. Por eso la Unión Europea ya prohibirá progresivamente los gases refrigerantes fluorados y se vuelve a mirar al amoníaco, más de un siglo después.

Mientras los ventiladores —basados en los motores de Nikola Tesla— siguen siendo la opción más simple y barata, vale la pena recordar a todos los que durante siglos pelearon contra la física para hacer más habitable el calor. Desde los botijos granadinos hasta el aparato de Carrier en aquella imprenta de Brooklyn, el camino fue largo y lleno de ingenio.

Según la fuente original, este verano de 2026 está acelerando la adopción de sistemas de climatización también en regiones que antes vivían sin ellos. En Argentina y buena parte de Latinoamérica, donde las olas de calor son cada vez más intensas, muchos se preguntan cómo integrar estas tecnologías sin que la factura de luz se vuelva impagable.

Lo que hacemos ahora es pensar en alternativas más eficientes y en cómo usar mejor lo que ya tenemos. Porque el aire acondicionado no es solo una comodidad: en muchos casos se está convirtiendo en una necesidad de salud pública.

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