Darwin tenía razón: 150 años después confirman que una planta alpina es carnívora
Un equipo internacional de investigadores probó que la Saxifraga candelabrum atrapa, digiere e incorpora nutrientes de insectos, cumpliendo todos los criterios de una planta carnívora. El hallazgo valida una intuición de Darwin que quedó pendiente desde 1875.
Charles Darwin sospechaba en 1875 que algunas plantas alpinas capturaban insectos de forma deliberada. En su libro Insectivorous Plants dejó la idea por escrito, pero murió sin las pruebas definitivas. Ahora, un equipo internacional de investigadores acaba de confirmar que tenía razón: la Saxifraga candelabrum es una planta carnívora de pleno derecho.
Para clasificar a una especie como carnívora no basta con que un insecto se pegue a sus hojas por casualidad. Tiene que atraer activamente a sus presas, digerirlas con enzimas propias y absorber los nutrientes. La Saxifraga candelabrum cumple los tres requisitos.
Los científicos analizaron 45 ejemplares históricos conservados en herbarios y encontraron restos de insectos en 43 de ellos. Los tallos y hojas están cubiertos de pelos glandulares extremadamente pegajosos que secretan fosfatasa, una enzima digestiva ausente en sus parientes no carnívoros. Además, emiten compuestos volátiles que atraen selectivamente a pequeños dípteros, dejando escapar a los insectos más grandes que actúan como polinizadores.
El cierre del círculo llegó con un experimento usando moscas de la fruta marcadas con nitrógeno-15. Los investigadores comprobaron que la planta digiere las presas y transfiere el nitrógeno a sus propios tejidos, incorporando los nutrientes que tanto necesita en ambientes alpinos pobres en suelo.
El descubrimiento, publicado a principios de agosto de 2026, marca un hito: es la primera planta carnívora confirmada dentro del orden Saxifragales. Amplía el árbol evolutivo conocido y muestra un caso claro de convergencia genómica. Al comparar su ADN con el de otras carnívoras famosas como las Venus atrapamoscas o las jarra, los investigadores vieron que llegaron a soluciones biológicas casi idénticas por caminos evolutivos completamente independientes.
Este hallazgo recuerda que, incluso en algo tan estudiado como la botánica, todavía hay secretos escondidos a plena vista. La Saxifraga candelabrum, una planta que Darwin tuvo prácticamente al alcance de la mano, esperó 150 años para demostrar que el naturalista inglés había visto lo que otros no.
La noticia refuerza la idea de que la evolución encuentra soluciones similares ante los mismos problemas, aunque los linajes sean distantes. Y sobre todo, pone en evidencia que la naturaleza sigue guardando sorpresas en lugares donde creíamos que ya no quedaba nada por descubrir.