14 abril, 2024

Importancia de la ayuda grupal

Era un día cualquiera, habíamos cumplido durante todo el mes con la tarea de instrucción como Cadetes de Bombero en Ramos Mejía.

Todos éramos distintos, diferentes edades, algunos, cursando diferentes estudios, diferentes grupos de amigos.

Nos reuníamos siguiendo las rutinas de salvataje, acciones a realizar, elementos a usar, formas de traslado. Un oficial guiaba nuestro grupo, dando indicaciones y consejos.

Pronto acompañaríamos a los más antiguos en un siniestro real. Conocíamos nuestros deberes. Habíamos trabajado juntos, pero sin la presión de la urgencia. Éramos un equipo a medias. Algunos de nosotros habíamos compartido campamentos de instrucción en la escuela de cadetes.

Las amistades comenzaban a armarse, como en todo grupo se asomaban algunas rivalidades.

Dentro de las normas de instrucción estaban expresadas las virtudes del respeto, del buen compañerismo, de la ayuda al compañero, sin práctica aun.

Los roles comenzaron a revelarse durante la instrucción, estaba el que nos divertía con sus chistes, el que al llamado de la sirena llegaba primero, el que venía retrasado porque había olvidado algo.

Todavía no cumplíamos con el compromiso de la colaboración, de la certeza que juntos lo haríamos mejor.

Hasta que un día, llego la actividad real, la sirena sonó, cada uno de nosotros sentimos que era nuestra verdadera labor.

Nos subimos a la autobomba, sentados uno junto al otro, las tareas estaban asignadas, pero no sabíamos con qué nos íbamos a encontrar.

Bajé corriendo y tropecé, alguien a mi lado me sostuvo, era mi compañero en el viaje.

Bajamos todos, el incendio era impresionante, recién allí me di cuenta que aunque trabajara solo, éramos un equipo.

La manguera pesaba un montón no podía sin ayuda, tres de mis compañeros vinieron a ayudarme.

Las personas encerradas en la casa del siniestro pedían ayuda, sin hablarnos, otro del equipo bajo las camillas y el que lideraba el grupo comenzó a dirigir la evacuación.

Mire con sorpresa, la instrucción quedaba atrás, esto era real. El éxito del salvamento dependía de muchos factores: valentía, responsabilidad, arrojo, cooperación y ayuda entre todos.

Me di cuenta que recién en ese momento de presión, de angustia, tal vez de temor por nuestra edad, nos habíamos transformado en un equipo, que si no actuábamos juntos nunca lo lograríamos.

Uno de mis compañeros empieza a toser, el humo le estaba haciendo mal, varios de nosotros lo ayudamos a salir de la casa, y de continuar lo que él había empezado.

Recordé entonces que siempre necesitamos del otro, que solos, empresas como estas no podemos realizarlas,

Nuestras diferencias habían quedado atrás, la acción para la que nos habían enviado, no tenía nombres personales, éramos un grupo que tenía y debía actuar juntos. La cooperación, la colaboración, el dar ayuda, nos había sorprendido y llegaba de imprevisión, dándonos una idea de la realidad que vivimos cada día. Si integramos por vocación, por afinidad por estudio, un grupo, el concepto de ayuda aparece sin proyectarlo, tal vez siempre haya alguien que primero sea el sacrificado, el voluntario, el acostumbrado a ayudar, pero la necesidad, el sufrimiento, el peligro nos invita a unirnos, a ayudarnos, nos empuja a colaborar con el otro.

No podemos olvidar la importancia del reconocimiento de la ayuda mutua, del compañerismo, que nos hace que nuestras acciones, nos resulten más llevaderas si podemos ayudar, cooperar, o si los que nos rodean forman con nosotros un verdadero equipo.

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