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El poder desinfectante de la lavandina

La lavandina suele ser un producto utilizado cotidianamente para la desinfección en hogares o lugares de trabajo. Por lo tanto, es importante comprender el cuidado que debe adquirirse al emplearla, conocer su proceso de elaboración, forma de actuar y precauciones. Esta información dará noción de los efectos que puede producir la sustancia que se está utilizando.

Es un compuesto químico llamado hipoclorito de sodio (NaClO) disuelto en agua, también conocido como lejía o líquido blanqueador. El ciclo de producción de la lavandina comienza con una solución de sal y agua que por medio de un proceso se descompone en hidróxido de sodio, hidrógeno y cloro. El hidróxido de sodio es mezclado con agua y luego se añade el cloro para formar el hipoclorito de sodio, el principio activo de la lavandina. Posteriormente es filtrado para eliminar impurezas y envasado.

Cuando entra en contacto con suciedad, manchas, gérmenes y olores, libera oxígeno activo que ataca y descompone las proteínas destruyendo los microbios. Suele usarse como blanqueador de productos textiles y pulpa de papel, para purificar agua, preparar otros productos químicos y desinfectar superficies.

El hopoclorito de sodio proviene de la reacción entre el ácido hipocloroso y el hidróxido de sodio. Se sitúa como un compuesto ternario ya que está constituido por un no metal, metal y oxígeno, debido a este último es considerado un oxisal. Las oxisales se caracterizan por ser solubles en agua, pueden llegar a conducir electricidad y muchas de ellas se usan en el ámbito de la medicina para prevenir el botulismo o realizar radiografías rayos x. También se considera que tiene poder oxidante, ya que posee la capacidad de ganar o aceptar electrones de otro átomo.

La lavandina comercial suele tener un vencimiento, en este caso por resolución del ANMAT es de cuatro (4) meses a partir de su elaboración. Igualmente hay que tener ciertas precauciones ya que puede caducar más rápidamente, por ello debe permanecer almacenada fuera del alcance de la luz o en envase opaco, en un lugar fresco, seco, bien ventilado y envase cerrado, de este modo se logra que conserve su poder germicida. Al estar diluida se potencia su vencimiento y exponiéndola al calor o colocándola en un medio ácido más aún, generando también que se libere cloro en forma gaseosa.

La solución de lavandina, concentrada o diluida, cuando reacciona con ácidos o químicos derivados del amoníaco, materia orgánica o se mezcla con detergente desprende un gas tóxico perjudicial para salud.

Suele emplearse para eliminar ácido fórmico, el cual es utilizado en muchas industrias, pero debe hacerse a temperaturas menores de 55° C, ya que las mezclas son explosivas arriba de esta temperatura. Si bien se considera un producto no inflamable, no debe desecharse indiscriminadamente ya que puede causar combustión espontanea cuando se combina con madera, trapos y otros materiales.

Las soluciones de lavandina debido a sus componentes, suelen causar quemadura de los tejidos orgánicos. Para evitar esto se recomienda usar guantes de hule, protección ocular como anteojos de seguridad,  bata y, si la cantidad empleada es muy grande, un respirador y botas. La protección con guantes es necesaria, ya que es muy lesiva para la piel y la saponifica, y la protección ocular, porque es muy dañina para la conjuntiva, disolviéndola o ulcerándola.

Para trasladarla de un recipiente a otro en pequeñas cantidades, debe usarse propipeta evitando succionar por la boca los vapores que emite.

La inadecuada protección al utilizar hipoclorito de sodio puede ser muy desfavorable para el organismo. Inhalar los vapores de esta sustancia puede causar intoxicación, especialmente si se mezcla con amoníaco. Este producto es extremadamente destructivo de las membranas del tracto respiratorio superior, ojos y piel.

Los síntomas que aparecen al intoxicarse son la sensación de quemado, tos, dolor de garganta, dificultad al respirar, náusea y vómito. En la inhalación provoca tos y luego irritación de los bronquios e inflamación de estos, lo mismo que a la laringe, produciendo neumonitis química y edema pulmonar. El contacto con los ojos y la piel de forma constante causa irritación. En la ingestión irrita las membranas mucosas, produciendo quemaduras en la boca. Además provoca dolor estomacal, náuseas, vómito, delirio y coma.

Al ingerir disoluciones concentradas, como para el uso industrial, se pueden generar perforaciones en el estómago y esófago. En casos más graves por ingestión de este producto se ha encontrado que produce necrosis y hemorragia del tracto digestivo inferior, edema y enfisema pulmonar.

Se considera a la lavandina un agente desinfectante eficaz, ya que elimina el 99.99% de los gérmenes y bacterias, pero igualmente por mas doméstico que sea el producto se tiene que tomar conciencia y adoptar las precauciones y cuidados necesarios al momento de manipularla.

 

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