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Producción de bananas en Argentina

Producción de bananas en Argentina.

La banana, es el fruto de varias especies del género Musa (grandes plantas herbáceas de origen asiático con un pseudotallo constituido a partir de las vainas foliares) que generalmente tarda entre 80 y 180 días en desarrollarse completamente. El fruto puede medir de 7 a 30 cm de largo, y hasta 5 centímetros de diámetro

La producción de bananas en nuestro país se realiza principalmente en las provincias de Formosa, Salta y Jujuy, que juntas suman cerca de 5.400 hectáreas de las cuales salen 105 toneladas de banana nacional. Esta región posee un clima subtropical con una temperatura promedio de 20° durante siete meses del año, lo que resulta suficiente para el cultivo de las mismas. Si bien son áreas de temperaturas agradables, no se está exento de la probabilidad de heladas. Como la cantidad de precipitaciones no es suficiente para que se produzca la evapotranspiración (agua del suelo que vuelve a la atmósfera como consecuencia de la evaporación y de la transpiración de las plantas) es indispensable contar con sistemas de riego para un correcto desarrollo del fruto.

Este fruto se considera uno de los más consumidos en la Argentina así como también a nivel mundial, rondando un promedio de 12 kilos por persona al año. El principal producto a nivel mundial es India, mientras que la Argentina se encuentra en el puesto número 11. En nuestro país, el sistema productivo no cuenta con un nivel tecnológico alto y se posee una organización menor que las regiones más consolidadas, y se encuentra generalmente en manos de pequeños y medianos productores, lo cual no permite que se pueda abastecer la totalidad de la demanda local, y se deban recurrir a las importaciones de bananas.

Los principales países de los cuales Argentina importa estos frutos son Ecuador, Bolivia y Brasil, Paraguay  y Chile, y el gasto total que se destina a estas importaciones ronda los 200 millones de dólares. Según datos oficiales ingresaron en 2015 alrededor de 404.279.000 kilos, los cuales representan el 91% del total de las importaciones. Un poco más de la mitad llega desde Ecuador, y el resto desde Bolivia, Paraguay, Brasil y Chile.

Según un informe del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) establece que las bananas de origen nacional solo son suficientes para abastecer el 20% de la demanda, y que solo llega a provincias cercanas como lo son Corrientes, Chaco, Córdoba y Tucumán, y que a la provincia de Buenos Aires llega una cantidad muy reducida, considerándose el 5% de producción nacional, y el 95% restante son importadas.

Pesticidas cancerígenos.

En el año 2015 la Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer (IARC), dependiente de la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha declarado como posibles cancerígenos a 5 pesticidas utilizados en nuestro país en las actividades relacionadas con la agricultura, entre los cuales se destaca uno de los más utilizados llamado GLISOFATO. Según esta Agencia Internacional, existen pruebas concluyentes de que este pesticida puede causar cáncer en animales de laboratorio, así como daños en el ADN y en los cromosomas en las células humanas.

Este pesticida es uno de los más producidos a nivel mundial y se utiliza para combatir las plagas que afectan a distintos tipos de cultivos.

También se consideran como posibles cancerígenos para los humanos los insecticidas diazinón, malatión, tetraclorvinfos y paratión.

Según esta agencia:

“El tetraclorvinfos está prohibido en la Unión Europea, aunque en los Estados Unidos continúa usándose incluso en mascotas, y el uso de paratión está muy restringido desde los años 80”

“El insecticida malatión, por su parte, se encuentran “evidencias limitadas” de que produciría linfoma no-Hodgkin y cáncer de próstata en humanos, según recogen estudios realizados en agricultores de Estados Unidos, Canadá y Suecia publicados desde 2001.”

“El diazinón es “probablemente cancerígeno” al haber “evidencia
limitada” de su relación con la aparición de linfoma no-Hodgkin y cáncer de pulmón en quienes se han visto expuestos a él, según estudios realizados en EEUU y Canadá.”

Teniendo esto en cuenta, podemos concluir en que no solo las personas que se vean expuestas a este tipo de pesticidas son las afectadas, sino que siempre existe la posibilidad de que al quedar residuos en los frutos uno los ingiera y se vea afectado de igual manera o aún peor, ya que prácticamente desde un punto vista, al querer “desinfectar” los alimentos de las plagas que puedan afectarlo, estamos comiendo alimentos “infectados”.

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