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Probamos el nuevo MacBook Pro con pantalla táctil: para qué sirve realmente tocarla

Apple incorpora por primera vez interacción táctil al MacBook Pro. Tras probarlo, encontramos que suma comodidad en gestos puntuales sin romper el flujo de trabajo tradicional.

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Manos sosteniendo un smartphone con la pantalla encendida
(CC BY 4.0 — libre difusión con atribución a Q Company)

Apple presentó el nuevo MacBook Pro con pantalla táctil y, tras probarlo en Los Ángeles, queda claro que no se trata de transformar el Mac en un iPad gigante. La propuesta es más sutil: sumar una forma de interactuar que ya conocemos de otros dispositivos sin obligarnos a abandonar el teclado, el trackpad ni los atajos de siempre.

El gesto básico es el mismo que llevamos años haciendo en el iPhone y el iPad: tocar lo que queremos modificar. En el MacBook Pro esto se traduce en pellizcar para ampliar una foto, hacer scroll en una web o mover elementos de una presentación. Nada revolucionario en teoría, pero sí en la práctica cuando convive con un entorno de escritorio profesional.

Lo más interesante es la libertad de alternar entre métodos. Podés escribir con el teclado, usar el trackpad y, cuando tiene sentido, levantar la mano para tocar la pantalla. Esa flexibilidad es el verdadero valor: cada interacción tiene su momento y el usuario decide cuál le resulta más natural.

El hardware acompaña esa idea. El sensor táctil está integrado directamente en el panel y la bisagra se rediseñó para dar mayor estabilidad cuando tocamos. Además, macOS traduce los toques en clics para mantener la compatibilidad con las apps existentes, mientras las nuevas API abren la puerta a interacciones específicas que los desarrolladores irán sumando.

La pantalla no solo se toca: también se ve mucho mejor. Se llama PROLED XDR, usa tecnología OLED en tándem, alcanza 2.000 nits de brillo tanto en HDR como en SDR y tiene una frecuencia adaptativa de 10 a 120 Hz. El contraste llega a 10.000.000:1 y cubre P3, Adobe RGB y más del 80% de Rec. 2020. Para quienes trabajan con foto, diseño o vídeo, son números que prometen mucho y habrá que probar en profundidad.

Los tamaños son 14,2 y 16,3 pulgadas, con bordes más finos. Y por primera vez en un Mac de escritorio, llega la Dynamic Island. Sirve para mostrar actividades en vivo —música, llamadas, AirDrop— y, combinada con la pantalla táctil, permite actuar directamente sobre esa información sin abandonar lo que estás haciendo.

Donde más potencial veo es en las herramientas creativas. En Logic Pro podés tocar un teclado polifónico Multi-Touch o pads de percusión. En Final Cut Pro, marcar intervalos y colocar clips con el dedo. Pixelmator Pro ya permite dibujar, pintar y seleccionar directamente sobre el lienzo. Antes de fin de año se esperan actualizaciones para Lightroom, DaVinci Resolve, Blender y Shapr3D.

El equipo también es más liviano: el modelo de 14 pulgadas arranca en 1,38 kilos y el de 16 en 1,82 kilos. Vuelve la manzana iluminada en la tapa y el sistema de seis altavoces promete graves un 50% más profundos. Por dentro lleva chips M5 Pro y M5 Max, con hasta 128 GB de memoria unificada y 16 TB de almacenamiento. La autonomía anunciada llega a 24 horas, aunque eso quedará para la review completa.

Después de este primer contacto, me quedo con la sensación de que la pantalla táctil está pensada como una ayuda opcional. Algunos la usarán todo el tiempo, otros encontrarán dos o tres gestos útiles por día. Ambas formas tienen sentido. El Mac sigue siendo el Mac, pero ahora ofrece más caminos para hacer lo que ya hacíamos.

Lo que determine el verdadero alcance de esta novedad no es el hardware en sí, sino cómo los usuarios y los desarrolladores construyan alrededor de esa posibilidad de tocar la pantalla. Por ahora, las primeras respuestas son positivas: suma comodidad sin pedirnos que cambiemos todo nuestro flujo de trabajo.

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