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Por qué los radares de tramo reducen un 56% los accidentes graves: el culpable es el efecto canguro

Un metaanálisis australiano confirma que los radares de tramo son más efectivos que los fijos tradicionales porque eliminan el frenazo y acelerón posterior. En Argentina, donde los radares se multiplican, este dato cambia cómo pensamos la seguridad vial.

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Por qué los radares de tramo reducen un 56% los accidentes graves: el culpable es el efecto canguro
Xataka — Tecnología en Español

Los radares de tramo no solo reducen más accidentes que los fijos puntuales: lo hacen de forma notable en los más graves. Un metaanálisis australiano acaba de poner números claros a algo que la DGT viene defendiendo desde hace años: el "efecto canguro" es el gran problema de los radares tradicionales.

El estudio revisó 19 investigaciones. En 15 se analizaron radares fijos y en 4, radares de tramo. El resultado es contundente: los radares puntuales bajan un 20% los accidentes en su zona, pero los de tramo logran una reducción del 30%. Donde la diferencia se vuelve abismal es en la gravedad: los accidentes mortales o con heridos graves caen un 56% con los radares de tramo.

¿Por qué? Porque el radar de tramo mide la velocidad media en un recorrido largo, no en un punto concreto. Eso elimina el famoso efecto canguro: el conductor que ve el cartel, pisa el freno, pasa a 20 km/h por debajo del límite y, apenas se aleja 500 metros, vuelve a pisar el acelerador como si no hubiera mañana.

Ese comportamiento genera dos problemas graves. Primero, crea una ola de frenazos que aumenta el riesgo de colisiones por alcance. Segundo, el efecto disuasorio desaparece apenas se pasa el radar. El estudio australiano lo explica con claridad: la eficacia del radar fijo decae rápidamente con la distancia, mientras que el de tramo mantiene la velocidad más estable en todo el trayecto.

En la Argentina este dato pega fuerte. En rutas como la Panamericana, la 9 o la 2, donde los radares se instalaron con fuerza en los últimos años, el efecto canguro es moneda corriente. Cualquiera que maneje seguido lo vio: luces de freno en cadena, fila india a 80 donde se puede ir a 110 y, dos kilómetros después, todos otra vez a fondo.

La Dirección Nacional de Vialidad y las provincias que gestionan sus propias cámaras ya vienen incorporando radares de tramo, aunque todavía son minoría. El estudio sugiere que priorizarlos no es solo una cuestión de recaudación (como muchos sospechan), sino de reducción real de siniestros graves. Un 56% menos de accidentes mortales o graves no es un detalle.

En España, donde el debate está más maduro, la DGT ya instaló tramos de hasta 30 kilómetros y prepara más. Incluso desmintió que coloquen radares móviles justo después de los fijos para "cazar" a los que aceleran. El mensaje es claro: el objetivo es que se maneje a velocidad constante, no que se frene solo frente al aparato.

Para el conductor común el cambio de mentalidad es importante. No se trata de "pasar el radar y listo". La seguridad vial mejora cuando se mantiene una velocidad razonable y fluida, no cuando se hacen saltos de canguro entre cartel y cartel.

El veredicto del estudio es difícil de rebatir: si querés bajar de verdad los accidentes graves, los radares de tramo ganan por goleada. Y el sospechoso principal de por qué los tradicionales rinden menos es ese comportamiento errático que todos hemos visto (y tal vez practicado) alguna vez.

Ojo con esto: tecnología que no genera un cambio real de comportamiento no sirve. Los radares de tramo parecen estar logrando justo eso.

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