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La historia del Solitario: la carta que enseñó a usar Windows

El juego que Microsoft incluyó en 1990 para que la gente aprendiera a usar el ratón terminó convirtiéndose en la aplicación más usada de la compañía y en la primera gran forma de procrastinar en la oficina.

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La historia del Solitario: la carta que enseñó a usar Windows
Xataka — Tecnología en Español

El Solitario no fue solo un juego. Fue la herramienta con la que millones de personas aprendieron a usar un ratón, a arrastrar y soltar, y también la primera gran adicción digital en las oficinas antes de que existieran las redes sociales.

Lanzado en Windows 3.0 en 1990, el Solitario (basado en la variante Klondike) tenía un objetivo concreto: enseñar a los usuarios a manejar la interfaz gráfica. En esa época la mayoría nunca había usado un mouse y conceptos como clic derecho o arrastrar eran completamente nuevos. Microsoft pensó que un juego de cartas conocido sería la forma más amable de practicar esas habilidades sin que el usuario se sintiera intimidado.

La idea funcionó demasiado bien. Libby Duzan, jefa de producto de entretenimiento en ese momento, explicó que el objetivo era darles algo familiar y divertido mientras aprendían a usar el sistema operativo. Lo que nadie previó es que se convertiría en la aplicación más usada de Microsoft en toda su historia, según reconoció la propia compañía.

Sorprendentemente, el programador del Solitario no fue un desarrollador senior ni un diseñador de juegos. Fue Wes Cherry, un becario que lo escribió en el verano de 1988 mientras estaba en Microsoft. Cherry había jugado una versión similar en Mac y la recreó para Windows por su cuenta. La dejó en un servidor interno donde los programadores compartían experimentos. Un jefe de proyecto de Windows la vio, le gustó y decidió incluirla en la siguiente versión.

Cherry nunca cobró royalties ni recibió pago extra por el juego. A cambio le dieron un IBM XT para arreglar bugs. También tuvo que quitar una función que él mismo había agregado: una “boss key” que ocultaba el juego y mostraba código en pantalla para que el jefe no te descubriera. Microsoft no quiso incluirla.

La baraja de cartas tampoco la diseñó alguien de Microsoft. La creó Susan Kare, la legendaria diseñadora gráfica que había trabajado en Apple y era responsable de iconos y tipografías icónicas de los primeros Macs. Una ironía perfecta: una ex diseñadora de Apple terminó definiendo la estética del juego más famoso de Windows.

El impacto en la productividad fue inmediato y masivo. En los 90 las oficinas empezaron a reorganizarse para que los jefes no vieran las pantallas. Hubo despidos famosos, como el de un funcionario de Nueva York al que el entonces alcalde Michael Bloomberg pilló jugando. En 1995 se abrió la primera clínica para adictos a Internet en Massachusetts, motivada en parte por la adicción al Solitario. Hasta Bill Gates tenía su propia historia: era fanático del Buscaminas, lo borró de su PC y terminó jugando en la máquina del presidente de Microsoft.

A lo largo de los años el juego fue evolucionando. En Windows 2000 llegó el doble clic para mover cartas. En Vista y 7 aparecieron estadísticas y la opción de guardar partidas. Con Windows 8 todo cambió: Microsoft sacó el Solitario clásico y lo reemplazó por Microsoft Solitaire Collection, una app de la Store con anuncios y varios modos de juego. Para quitar la publicidad había que pagar. La reacción de usuarios y prensa fue mala.

En Windows 10 y 11 volvió como aplicación preinstalada, pero sigue siendo la versión con anuncios y compras dentro de la app. Hoy también está disponible en móviles y navegador. Según datos de Microsoft de 2020, en su 30 aniversario seguía sumando más de 35 millones de jugadores mensuales en 200 países y 65 idiomas, con más de 100 millones de partidas por día. En 2019 ingresó al World Video Game Hall of Fame.

El Solitario demostró algo que sigue vigente: a veces la herramienta más simple y adictiva es la que mejor enseña. Antes de que existieran los scrolls infinitos y las notificaciones, ya había una forma de perder horas frente a la pantalla. Y todo empezó con un becario que solo quería jugar a las cartas en su PC.

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