La mansión de la élite de la IA en Silicon Valley ya suma 37 incidentes policiales
La AGI House, un punto de encuentro para fundadores, investigadores e inversores de inteligencia artificial, acumula decenas de quejas por ruidos, fiestas y un caso grave de denuncia sexual. Lo que empezó como una hacker house se transformó en un club elitista con habitaciones de hasta 10.000 dólares al mes.
En Silicon Valley las cosas escalaron rápido. Lo que antes eran hacker houses donde un grupo de programadores compartía un departamento para codear toda la noche se convirtió en mansiones de lujo con habitaciones que se alquilan por cinco cifras. La más conocida, la AGI House, ya registra 37 intervenciones policiales desde que abrió en 2022.
Según el reportaje del New York Times que analiza este fenómeno, existen al menos diez de estas “AI houses” solo entre San Francisco y Silicon Valley. Algunas tienen listas de espera de más de 40 personas. No se paga solo por la casa: se paga por estar adentro de la red. Los residentes comparten techo con fundadores, investigadores top y reciben visitas de figuras como Sergey Brin, Eric Schmidt o Adam D’Angelo, CEO de Quora. También organizan eventos patrocinados por OpenAI, Anthropic, Sequoia o Kleiner Perkins.
La AGI House, de más de 1.600 metros cuadrados y ocho habitaciones, fue fundada en 2022 por Jeremy Nixon (investigador de IA y CEO del Instituto de IA Infinity) con inversión de Andrej Karpathy, entre otros. En 2023 la rebautizaron con Rocky Yu al frente. Desde entonces funciona como residencia, espacio de hackatones y lugar de fiestas extravagantes.
Pero el glamour tiene un reverso. La policía de Hillsborough registró 37 incidentes desde 2022. De esos, 17 estuvieron vinculados directamente a las fiestas: quejas por ruido, calles colapsadas de autos de invitados y pedidos de control de bienestar de residentes. Hubo una denuncia más grave: una mujer afirmó que un residente la presionó para tener relaciones sexuales y tuvo que escapar saltando una verja. Son reportes e intervenciones, no condenas, pero pintan un cuadro bastante distinto al de “construir el futuro”.
A solo tres kilómetros funcionó otra mansión similar entre 2021 y 2024, gestionada por el emprendedor Jimmy Chen. La policía acudió al menos 20 veces, mayormente por ruido, pero también por un “posible secuestro” y una agresión al propio Chen. Cuando los inquilinos se fueron, la dueña reclamó 200.000 dólares en daños, incluyendo una infestación de roedores.
Las fiestas que se organizan allí parecen sacadas de la serie Silicon Valley. En la AGI House hubo una llamada “Midnight in Paris” con réplica de la Torre Eiffel y invitados que llegaban en carruajes tirados por caballos. Otra incluyó un auto volador. En la otra casa se vieron mujeres disfrazadas de sirenas en la pileta y fiestas temáticas de jungla. Ya no se trata solo de programar: se trata de ser parte de un club privado elitista.
Este modelo muestra cómo el boom de la IA está cambiando hasta la forma de convivir de la industria. Lo que empezó como una necesidad de compartir gastos y ideas se transformó en un negocio de networking de alto nivel. El problema es que, cuando el foco pasa de construir producto a organizar eventos de lujo, los dolores de cabeza para los vecinos (y a veces para los propios residentes) parecen inevitables.
En Argentina y el resto de Latinoamérica estas dinámicas se siguen a distancia. Muchos emprendedores locales sueñan con conectar con estas redes, pero la realidad es que la mayoría sigue armando sus proyectos desde coworkings más modestos o directamente desde casa. Mientras tanto, en Silicon Valley la élite de la IA sigue pagando fortunas por “estar adentro”, aunque eso implique convivir con 37 visitas policiales en cuatro años.