Inteligencia artificial

Siguió un envío de libros con un AirTag y terminó en un centro de Amazon que entrena IA

Libreros notaron pedidos masivos de títulos raros y desconectados. Un AirTag reveló que el destino final era un almacén de Amazon en Las Vegas donde escanean y destruyen ejemplares para alimentar sus modelos de inteligencia artificial.

Publicado el 18 de agosto de 2026, 02:50 hs

Siguió un envío de libros con un AirTag y terminó en un centro de Amazon que entrena IA
Xataka — Tecnología en Español

Un librero que vende ejemplares raros y antiguos empezó a recibir pedidos inusualmente grandes durante el último año. Los compradores pedían cientos de libros que no parecían tener conexión entre sí, pagaban sin regatear y las cantidades eran mucho mayores a lo habitual. La sospecha creció: no eran lectores tradicionales, sino empresas de IA buscando material para entrenar sus modelos.

En julio de 2026, uno de esos vendedores recibió un pedido de alrededor de 1.000 libros a través de la plataforma Biblio. Como el marketplace no revelaba la identidad del comprador, un medio especializado decidió ir más allá: le dieron un AirTag al librero, que lo escondió dentro de uno de los paquetes antes de despacharlo.

El seguimiento del rastreador de Apple dibujó un viaje de miles de kilómetros por Estados Unidos. El envío salió desde California, pasó por el aeropuerto de Milwaukee en Wisconsin, se detuvo dos semanas en un almacén logístico de Trifinity cerca de Kenosha y luego siguió por carretera hacia el oeste. Apareció en Colorado Springs, en una parada de camioneros en Grand Junction, luego en Las Vegas y finalmente se detuvo en LAS8, un enorme centro de Amazon.

Pero no se quedó en cualquier parte del complejo. Según testimonios de empleados recolectados por 404 Media, el paquete llegó al sector norte identificado internamente como VGT3. Su emblema interno es un tiranosaurio con un libro abierto. Los trabajadores allí reciben libros, escanean sus códigos de barras o ISBN, retiran o cortan la encuadernación y digitalizan las páginas a gran velocidad. Una vez escaneado el contenido, el libro físico se destruye.

Amazon respondió a las consultas del medio diciendo que compra libros a través de canales comerciales “para ayudar a desarrollar y mejorar los productos y servicios que utilizan sus clientes”. No confirmó qué modelos reciben esos textos. La compañía desarrolla su propia familia de modelos Nova, pero no hay confirmación directa de que estos ejemplares específicos terminen en su entrenamiento.

El interés tiene sentido: muchos de estos volúmenes contienen texto humano que no está disponible fácilmente en internet. Además, al haber sido publicados antes del boom de la IA generativa, evitan la contaminación de contenido sintético que hoy inunda la web.

Este caso no es aislado. En 2025, Anthropic reveló detalles de su Project Panama: compraron millones de libros impresos legalmente, les retiraron la encuadernación, cortaron las páginas, las escanearon y descartaron los restos físicos. Un juez consideró que esa conversión uno a uno entraba dentro del fair use. En cambio, el uso de libros descargados de bibliotecas piratas fue visto con mayor dureza.

La paradoja es fuerte para los libreros. Muchos de esos ejemplares eran raros precisamente porque tienen pocas copias existentes, tiradas limitadas o están en idiomas poco comunes. Su valor no era solo económico, sino histórico, intelectual o sentimental. Sin embargo, para las empresas de IA lo que cuenta es el texto: convierten palabras en datos de entrenamiento y el objeto físico termina en la basura.

En la práctica, esto significa que una parte del mercado de libros usados y raros se está transformando en fuente de materia prima para modelos de lenguaje. Lo que para un vendedor podía parecer una inesperada veta de ventas millonarias, para otros revela un cambio profundo en cómo se valora el contenido impreso.

El dato clave es que estas operaciones se hacen con ejemplares comprados legalmente. El debate legal sigue abierto, pero por ahora el fair use parece proteger la digitalización destructiva cuando parte de un libro físico adquirido en el mercado.

Desde Argentina, donde el acceso a libros raros ya es complicado por costos de importación y disponibilidad, esta tendencia genera una pregunta adicional: ¿qué pasará con el patrimonio bibliográfico cuando el valor de sus páginas como datos supere su valor como objeto cultural? Por ahora, la respuesta la están escribiendo los AirTags y los centros de digitalización de Las Vegas.

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