Cómo el estudio Gilbert + Tobin gobierna y escala la IA con OpenAI
El bufete australiano combina liderazgo del CEO, gobernanza estricta y responsabilidad humana para implementar ChatGPT Enterprise y Codex a gran escala. Una mirada práctica a cómo una firma legal tradicional adopta IA sin perder el control.
El estudio de abogados australiano Gilbert + Tobin se convirtió en uno de los casos más interesantes de adopción responsable de IA en el sector legal. Según el caso publicado por OpenAI, el bufete logró escalar el uso de ChatGPT Enterprise y Codex en toda la organización manteniendo estándares altos de gobernanza y accountability humana.
El punto de partida fue un compromiso explícito desde la cima: el CEO lideró personalmente la iniciativa. Eso marcó la diferencia. En lugar de dejar que cada equipo experimentara por su cuenta, se armó un marco de gobernanza claro que define qué se puede hacer con la IA, qué no, y quién responde por los resultados.
En la práctica, esto significa que los abogados del estudio usan ChatGPT Enterprise para tareas como investigación jurídica inicial, redacción de borradores y análisis de contratos. Codex, por su parte, les ayuda en automatizaciones de código cuando desarrollan herramientas internas. Pero siempre con supervisión humana: ningún documento sale sin revisión de un abogado senior.
El dato clave es que no se trata solo de darles acceso a la herramienta. Gilbert + Tobin implementó políticas concretas de uso, capacitación obligatoria y auditorías periódicas. El objetivo es maximizar la productividad sin comprometer la precisión ni la ética profesional, algo crítico en un rubro donde un error puede costar millones.
Esto resuena fuerte en Argentina. Estudios locales como Bruchou, Marval o Pérez Alati ya están probando herramientas similares, pero la mayoría lo hace de forma desordenada. El caso de Gilbert + Tobin muestra un camino más maduro: definir reglas claras antes de que la IA se expanda sin control.
Según el caso de OpenAI, el estudio logró aumentar significativamente la velocidad en tareas repetitivas sin que eso impacte en la calidad del asesoramiento. Los abogados reportan que pueden enfocarse más en el análisis estratégico y menos en la búsqueda mecánica de antecedentes.
Ojo con esto: la clave no está en la tecnología, sino en cómo se gobierna. El modelo de Gilbert + Tobin combina tres pilares: compromiso visible del CEO, gobernanza rigurosa (con políticas escritas y comités de revisión) y responsabilidad humana innegociable. Todo lo que genera la IA pasa por validación de un profesional calificado.
Para los estudios argentinos que recién empiezan, el mensaje es claro: no alcanza con contratar licencias de ChatGPT Enterprise. Hay que invertir tiempo en definir políticas, capacitar al equipo y establecer procesos de control. De lo contrario, se corre el riesgo de generar inconsistencias o, peor, problemas éticos.
El caso también refuerza una idea que venimos siguiendo de cerca: la IA no reemplaza a los abogados, pero sí cambia cómo trabajan. Los que la usen de forma inteligente van a poder ofrecer servicios más rápidos y a precios más competitivos. Los que la ignoren o la usen mal, van a quedar atrás.
En un país donde el sector legal es enorme y muy competitivo, este tipo de adopción estructurada puede marcar una ventaja real. La pregunta ya no es si vamos a usar IA en los estudios, sino quién va a hacerlo con la cabeza puesta en la gobernanza desde el día uno.