Los reactores SMR prometen una revolución nuclear que todavía no llega
Los reactores modulares pequeños (SMR) debían ser más baratos, seguros y rápidos de construir, pero el despliegue sigue estancado. Analizamos por qué la revolución nuclear que prometían no termina de arrancar.
Los reactores modulares pequeños (SMR) llevan años en el centro de las promesas de una energía nuclear renovada: más rápidos de construir, más económicos y con mejores estándares de seguridad. Sin embargo, la realidad muestra un panorama bien distinto. A pesar de las ventajas técnicas que se les atribuyen, el despliegue comercial sigue siendo mínimo y la mayoría de los proyectos aún están en fase de desarrollo o pendientes de aprobaciones regulatorias.
Según la Agencia Internacional de la Energía Atómica, un SMR genera hasta 300 MW por unidad, es decir, aproximadamente un tercio de lo que produce un reactor nuclear convencional. Su tamaño reducido permite fabricarlos en serie y transportarlos por partes, lo que en teoría reduce tiempos y costos de construcción. Además, muchos diseños se basan en sistemas de seguridad pasivos que aprovechan las leyes de la física, lo que reduce el riesgo de accidentes graves.
El problema es que esa revolución todavía no termina de arrancar. Hoy solo Rusia y China tienen reactores SMR en operación comercial. A nivel global hay 127 proyectos en distintas etapas, pero muy pocos han pasado de los papeles a la construcción real. El caso más avanzado en el G7 es el de Darlington, en Ontario (Canadá), donde Ontario Power Generation construye las primeras unidades del modelo BWRX-300. Se espera que el primero comience a operar antes de 2030, aunque todavía faltan aprobaciones regulatorias clave.
El nudo central de la demora es económico. Para que los SMR sean rentables se necesita fabricarlos en serie, pero para fabricarlos en serie se necesita demostrar primero que son baratos. Cada prototipo cuesta miles de millones de dólares y conseguir las licencias nucleares es un proceso largo y caro. NuScale, la empresa estadounidense más avanzada en este campo, lo reconoce abiertamente: sin producción masiva, la promesa de costos bajos se diluye.
Hay esperanza en el aprendizaje por repetición. El proyecto de Darlington, por ejemplo, planea usar la infraestructura y experiencia del primer reactor para abaratar los siguientes. Si el primer módulo sale bien, cada unidad posterior debería costar menos. Ese es el modelo que necesitan escalar para que los SMR dejen de ser una curiosidad tecnológica y pasen a ser una opción real de generación de energía.
Otro punto que genera debate es el de los residuos. El World Nuclear Industry Status Report 2026 señala que algunos diseños de SMR podrían generar más residuos radiactivos por unidad de energía producida que los reactores convencionales grandes. No ocurre con todos los modelos, pero es un dato que complica el relato de que esta tecnología resuelve automáticamente los problemas históricos de la nuclear.
Hay voces que directamente hablan de burbuja. El columnista Ben Kritz, citado por Beyond Nuclear International, sostiene que el entusiasmo por los SMR está desinflándose y que pronto el interés se desplazará hacia opciones más baratas y rápidas de desplegar, como las energías renovables. Con la demanda creciente de electricidad por parte de los centros de datos de inteligencia artificial, la pregunta es si los SMR llegarán a tiempo o si serán una solución demasiado lenta para las necesidades inmediatas.
Un informe de la Comisión de Transiciones Energéticas refuerza esa duda: en muchos lugares del mundo, solar y eólica siguen siendo más económicas y rápidas de construir. Los SMR podrían tener sentido donde las renovables tienen limitaciones geográficas o de red, pero todavía están a años de un despliegue masivo.
Mientras tanto, el interés por la nuclear vuelve a la agenda pública. Italia, bajo el gobierno de Giorgia Meloni, rompió con la tradición europea de cierre de plantas y volvió a poner el tema sobre la mesa. Ese renacer nuclear podría ayudar a los SMR, pero por ahora la brecha entre las promesas y los resultados concretos sigue siendo grande.
En la práctica, esto significa que la transición energética de los próximos años seguirá dependiendo principalmente de otras tecnologías. Los SMR pueden ser parte de la solución a mediano y largo plazo, pero no parecen estar en condiciones de liderar el cambio inmediato que muchos esperaban.