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La historia del ingeniero que repobló 5.000 hectáreas en Murcia disparando semillas con escopeta

Ricardo Codorníu transformó una sierra pelada en Murcia hace 135 años. Hoy es un parque regional con casi mil especies vegetales y uno de los pulmones verdes más importantes del sureste español.

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Bosque nativo con rayos de luz filtrándose entre los árboles
(CC BY 4.0 — libre difusión con atribución a Q Company)

El 19 de marzo de 1889, el ingeniero de montes Ricardo Codorníu subió al Morrón de Espuña, en Murcia, y anotó algo que cambiaría todo: no vio ni un pino ni una encina. De esa observación surgió un proyecto que, más de un siglo después, sigue dando frutos.

La sierra había sido devastada por décadas de tala, pastoreo intensivo y uso de madera. Sin vegetación, las lluvias arrastraban el suelo y generaban riadas devastadoras. La de Santa Teresa en 1879 dejó más de 700 muertos entre Lorca y Murcia. Eso llevó a crear en 1888 la Comisión de Repoblación de la Cuenca del Segura.

Codorníu, junto a José Musso y Juan Ángel de Madariaga, se puso manos a la obra. Según estudios de la Universidad de Murcia, repoblaron más de 3.200 hectáreas y plantaron 4,3 millones de árboles. La cifra más citada de 5.084 hectáreas corresponde al área declarada Sitio Natural de Interés Nacional en 1931.

Antes de plantar un solo árbol, construyeron infraestructura para retener suelo y agua: 240 kilómetros de caminos, 144 kilómetros de diques con 420.000 bancales y dos grandes diques reguladores. Crearon siete viveros, incluido el Central de Levante en Huerta Espuña, que en sus primeros cinco años produjo más de seis millones de coníferas y 850.000 frondosas.

Codorníu dedicó casi dos años a estudiar dónde plantar cada especie para que pareciera un bosque natural. Y ahí entra la parte que hoy suena casi legendaria: donde no llegaban los operarios a pie o a lomo de mula, cargaban piñones en escopetas y trabucos y los disparaban hacia las laderas.

Más del 90% de esas semillas eran devoradas por pájaros, hormigas y roedores, por lo que la siembra con escopeta fue un recurso de último momento. El grueso del trabajo fue la plantación tradicional con plantones de vivero.

Hoy Sierra Espuña es un Parque Regional de 17.804 hectáreas (declarado en 1992), que protege un conjunto montañoso de más de 25.000 hectáreas. Cuenta con casi mil especies vegetales, más de un tercio de toda la flora de la Región de Murcia.

El símbolo animal del parque no es autóctono: el arruí o muflón del Atlas fue introducido en 1970 para caza. Su población creció tanto que hoy hay una Reserva Regional de Caza de más de 14.000 hectáreas dentro del parque. También es zona ZEPA por la presencia de águila real y búho real, y alberga una ardilla y una mariposa endémicas.

El legado de Codorníu fue enorme. Su trabajo sirvió de modelo para el Servicio Hidrológico-Forestal creado en 1901 y se replicó en otras zonas, como las dunas de Guardamar. Impulsó la Fiesta del Árbol y tuvo que desmentir bulos en los pueblos para explicar los beneficios de la reforestación.

El centro de visitantes del parque lleva su nombre y el vivero de Huerta Espuña sigue activo. Codorníu murió en 1923 y pidió que sus cenizas se esparcieran allí, “como un pino” mirando a Cartagena, donde nació.

En la Región de Murcia hoy se reforestan unas 50 hectáreas por año, un ritmo lento frente a los incendios que siguen amenazando el bosque que él ayudó a crear. La historia de Sierra Espuña demuestra que, con planificación, paciencia y un poco de creatividad (incluidas escopetas), es posible revertir el daño ambiental a gran escala.

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