Ciencia

El desastre oculto de la hidroeléctrica en Québec: cómo un megaembalse envenenó a un pueblo indígena

En 1971, la construcción de embalses en la bahía de James liberó mercurio del suelo boreal y contaminó el pescado que era base de la dieta de los Cree. Un caso que hoy sirve de alerta ante el nuevo auge de la energía hidroeléctrica en Canadá.

Publicado el

Orilla de un río con agua verdosa por alerta ambiental de cianobacterias.
(CC BY 4.0 — libre difusión con atribución a Q Company)

En 1971, el gobierno de Québec inició uno de los proyectos de ingeniería más ambiciosos de su historia: el complejo hidroeléctrico de la bahía de James. La idea era generar energía limpia inundando miles de kilómetros cuadrados de bosque boreal para crear enormes reservorios. Lo que nadie anticipó fue que esa decisión desataría una cadena química silenciosa que terminaría afectando gravemente a las comunidades indígenas Cree que vivían allí desde hace siglos.

Al inundar más de 11.500 km² de tierra virgen —un área similar a la de Qatar—, el agua entró en contacto con suelos ricos en mercurio natural acumulado durante miles de años. La materia orgánica de la vegetación sumergida se descompuso rápidamente, alimentando a microorganismos que convirtieron ese mercurio inorgánico en metilmercurio, una forma altamente tóxica y neurotóxica que se bioacumula con facilidad en la cadena alimentaria acuática.

Los peces, que representaban el núcleo de la alimentación tradicional de los Cree, se convirtieron en el vector principal de exposición. Un lucio que parecía perfectamente sano podía contener niveles peligrosos de esta toxina. Estudios posteriores que analizaron 45.000 peces mostraron que las concentraciones alcanzaban su pico entre 4 y 11 años en especies no depredadoras y entre 9 y 14 años en las que se alimentan de otros peces.

Para las comunidades indígenas del interior, más alejadas de la costa, el impacto fue especialmente duro. En 1988, el 14,2 % de la población Cree presentaba niveles de mercurio en el cabello por encima del umbral de riesgo. Los hombres, los adultos mayores y los tramperos tradicionales eran los más afectados. Las autoridades sanitarias y el Cree Board of Health of Eeyou Istchee tuvieron que intervenir con guías dietéticas estrictas: en las zonas más críticas se recomendaba no comer más de dos comidas de lucio por mes.

La buena noticia es que este proceso no es eterno. La producción excesiva de metilmercurio suele detenerse entre los ocho y diez años, una vez que se agota el material orgánico fácil de degradar. Con el tiempo, las concentraciones en peces y humanos volvieron a niveles normales y hoy las autoridades vuelven a promover el consumo de pescado local por sus beneficios nutricionales.

Sin embargo, el caso de la bahía de James no es solo una lección del pasado. Según datos recientes, hay 22 proyectos hidroeléctricos nuevos planificados en Canadá, muchos de ellos a menos de 100 km de comunidades indígenas. La historia vuelve a estar sobre la mesa justo cuando el mundo acelera su transición hacia energías bajas en carbono.

Este episodio demuestra que la energía “limpia” no siempre lo es tanto. Antes de inundar vastas extensiones de bosque, es fundamental estudiar a fondo los procesos biogeoquímicos locales. Los Cree pagaron un precio alto por un error que, al menos, sirvió para entender mejor cómo funciona la naturaleza cuando el ser humano la altera a gran escala.

Cómo protegerse de la exposición al mercurio en pescado (guía práctica)

Si vivís en una zona con embalses o ríos con riesgo conocido de mercurio, seguí estos pasos simples:

  1. Consultá las guías dietéticas locales emitidas por las autoridades sanitarias de tu provincia o territorio. En el caso de los Cree, fueron clave para reducir la exposición.

  2. Preferí especies de peces más pequeños y de menor nivel en la cadena alimentaria (evitá grandes depredadores como lucio o trucha grande en zonas de riesgo).

  3. Limitá el consumo si estás embarazada, amamantando o si tenés niños pequeños, ya que el metilmercurio afecta especialmente al sistema nervioso en desarrollo.

  4. Diversificá tu fuente de proteínas: combiná el pescado local con otras opciones seguras para no depender exclusivamente de una sola fuente.

  5. Si tenés dudas sobre los niveles en tu zona, pedí información actualizada al ministerio de salud o al organismo indígena correspondiente.

El caso de Québec nos recuerda que la ingeniería debe ir siempre de la mano de una comprensión profunda de la ecología local. De lo contrario, la “energía limpia” puede tener costos ocultos muy altos.

← Volver a Ciencia