EEUU financió sensores en el Pacífico y China usó sus datos para hallar chimeneas inerciales
Científicos chinos analizaron mediciones de una red estadounidense de hace 20 años y descubrieron corredores invisibles que llevan energía de la superficie al fondo marino, con posibles implicancias en sonar y guerra submarina.
Un equipo de la Academia China de Ciencias publicó un estudio que revela la existencia de “chimeneas inerciales”: enormes corredores dinámicos que conectan la superficie del océano con las profundidades. Lo llamativo es que los datos provienen de una red de 46 sensores que Estados Unidos desplegó hace más de dos décadas en el Pacífico.
El proyecto original, llamado KESS, se instaló en abril de 2004 al este de Japón, en la zona de extensión de la corriente de Kuroshio. Cubría unos 360.000 kilómetros cuadrados y recogió información hasta junio de 2006. Los instrumentos medían presión, corrientes profundas y tiempos de viaje de señales acústicas. Esos registros, financiados por la Fundación Nacional de Ciencias de EEUU, quedaron disponibles para la comunidad científica.
Dos décadas después, investigadores del Instituto de Oceanología chino los reutilizaron. Desarrollaron un modelo estadístico que explica el 76% de la variabilidad en la energía de las ondas cercanas al fondo. De esa porción, el 68% se vincula con procesos de las capas superiores: 28% por energía de ondas que bajan, 26% por estratificación del agua y 14% por rotación de remolinos anticiclónicos. El 32% restante se atribuye a corrientes locales cerca del lecho marino.
Las chimeneas inerciales no son estructuras físicas, sino caminos por los que la energía generada por el viento en superficie viaja hacia abajo a través de ondas internas. Los remolinos que giran en sentido horario en el hemisferio norte favorecen esa concentración y descenso de energía. Esto ayuda a entender cómo fenómenos meteorológicos pueden influir en condiciones a miles de metros de profundidad.
El hallazgo tiene un costado estratégico. Los cambios de temperatura y salinidad alteran la velocidad del sonido bajo el agua, clave para los sistemas de sonar de buques y submarinos. Conocer mejor estas dinámicas permite mejorar modelos acústicos, predecir zonas de propagación larga o de ocultamiento y optimizar detección y comunicaciones submarinas.
Los autores del paper, publicado en Deep Sea Research Part I, mencionan que combinar observaciones prolongadas con modelos de propagación sonora podría dar información útil en ese sentido. Sin embargo, el estudio no afirma que China haya desarrollado ya un sistema militar nuevo a partir de estos datos.
El trabajo llega en un contexto en el que China viene ampliando sus campañas oceanográficas en el Pacífico. Según una investigación de Reuters de marzo de 2026, buques científicos chinos realizan cartografía y recolección de datos en zonas relevantes para operaciones submarinas. La profundidad, corrientes y propiedades acústicas del agua son variables críticas tanto para navegación como para sensores militares.
La ironía es evidente: datos financiados originalmente por Washington terminan aportando conocimiento a un actor que compite con Estados Unidos en el escenario naval más disputado del planeta. Lo que empezó como investigación oceanográfica básica se convierte en información con valor estratégico.
Para el lector argentino o latinoamericano, el caso ilustra cómo datos científicos abiertos pueden ser reutilizados décadas después con fines que van más allá de la academia. En un océano cada vez más militarizado, entender las dinámicas invisibles del Pacífico deja de ser solo una cuestión de curiosidad científica.
El estudio recuerda que la brecha entre ciencia y aplicación militar es cada vez más delgada. Lo que ayer era un sensor para medir corrientes, hoy alimenta modelos que podrían influir en la capacidad de detección submarina de las principales potencias.