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Vacaciones. Un derecho, una necesidad, antídoto contra el estrés.

A fin de analizar el artículo sobre las Vacaciones de la Ley de Contrato de Trabajo de nuestro país, debemos remontarnos brevemente a la historia.

Las vacaciones pagas “llegan” a la Argentina en 1945. Tras años de reclamos de numerosos sectores sindicales, el entonces Secretario de Trabajo y Previsión, Juan Perón, estableció el Decreto 1740.

Por primera vez, se aplicaba en la Argentina una política de estado del bienestar: se extendieron los derechos sociales, como períodos de vacaciones y descanso. Una gran parte de la población pudo acceder por primera vez a un nivel de vida digno, que incluía también diversiones tales como viajes, restaurantes y cines.

Este decreto cambiaría para siempre las costumbres del pueblo argentino. Empleados de todas las ramas de actividades conocían por primera vez en sus vidas las salas de teatro, el ring del Luna Park, las bibliotecas. Ocupaban plazas y parques y las butacas del cine, junto con las clases más privilegiadas.

Hasta ese momento, Mar del Plata tenía una vida veraniega tranquila, estaba sólo reservada a las élites. Gran parte del pueblo trabajador  tomó como suya la ciudad costera. Las distintas clases sociales comenzaron a tener acceso a lugares de descanso. Los sindicatos construían hoteles para sus afiliados, y el Estado aseguraba las colonias de vacaciones para los más chicos en los clubes de barrio.

De esta manera, esta Legislación constituyó el puntapié inicial para que la Argentina desarrolle una pujante industria del turismo.

Hoy día las vacaciones están reguladas según el artículo 150 de la Ley de Contrato de Trabajo (LCT) 20.744, fundado en aquel decreto de 1945. El mismo establece la cantidad de días que hoy corresponde a cada trabajador – en relación de dependencia – tras haber trabajado por determinado período de tiempo. A mayor antigüedad en el puesto de trabajo, los días de vacaciones aumentan de forma proporcional. La escala inicial es de 14 días corridos para trabajadores de menos de 5 años de antigüedad y aumenta progresivamente cuando se superan los 5, 10 y 20 años de antigüedad. El plazo mayor previsto por la ley es de 35 días corridos, cuando la antigüedad del trabajador exceda de 20 años (artículo 150).

La ley establece que el empleador debe conceder el goce de las vacaciones de cada año dentro del período comprendido entre el 1° de octubre y el 30 de abril del año siguiente (artículo 154).

Es frecuente el planteo de la posibilidad de fraccionar el goce de las vacaciones, sobre todo cuando los plazos son extensos en virtud de la mayor antigüedad del trabajador.

La reducción del tiempo de las vacaciones en uno de los períodos y su acumulación al período posterior debe ser convenida entre el empleador y el trabajador (artículo 164).

Como una solución de hecho, pero no de derecho, es común que el empleado tome una parte de sus vacaciones, reservando el resto para su goce en otra época del año, de común acuerdo con el empleador, sin perjuicio de que éste liquide la totalidad del salario vacacional.

La legislación en otros países como México por ejemplo, la Ley Federal del Trabajo (artículo 76), dicta que los trabajadores que hayan trabajado por lo menos un año en la misma empresa tienen derecho a un periodo anual de vacaciones pagadas que no podrá ser inferior a seis días laborables, y que aumentará en dos días laborables por cada año subsecuente de servicios. En contraste, en la Unión Europea los trabajadores tienen derecho a 20 días de vacaciones pagadas al año.

Al hablar de vacaciones, no podemos dejar de mencionar su importancia a fin de prevenir el estrés laboral o estrés en el trabajo. Este es un tipo de estrés propio de las sociedades industrializadas, en las que la creciente presión en el entorno laboral puede provocar la saturación física o mental del trabajador, generando diversas consecuencias que no sólo afectan a su salud, sino también a la de su entorno más próximo.

Más allá de los síntomas, sus consecuencias tienen dimensiones considerables. Desde migrañas, insomnio y dolores estomacales hasta problemas cardiovasculares. Es por eso que las vacaciones, al ser uno de los mejores remedios contra el estrés, son fundamentales para mantener una buena salud física y mental.

Investigaciones señalan que las vacaciones no necesariamente deben ser largas y costosas, tomar unos días de descanso para apreciar la naturaleza y olvidarse de las tareas diarias son suficientes para permitir al cerebro recargar energía y mejorar la función intelectual, propiciando un mejor desempeño laboral al terminar el asueto.

Las vacaciones son un derecho adquirido, y como tal, es irrenunciable. Son el descanso merecido después de un año entero de haber trabajado.

Si quiere evitar o experimenta alguno de los síntomas mencionados, ha llegado el momento de reducir la marcha y tomarse unas necesarias vacaciones.