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El trágico ataque a tiros en el instituto de Parkland (Florida), que aún reviven familiares, amigos y compañeros de las 17 víctimas y que está movilizando a millones de estudiantes como nunca antes, vuelve a situar a Estados Unidos ante el espejo de sus contradicciones. La exigencia de medidas para un mayor control de las armas de fuego es mayoritaria, pero depende de cuáles, para quiénes y cómo. Hasta el punto de que la reforma para limitar el acceso a potenciales compradores con desequilibrios mentales que negocian republicanos y demócratas en el Senado, con el apoyo de Trump, es la única en la que los estadounidenses se ponen de acuerdo.

En cambio, la posibilidad de restringir al máximo la compra de fusiles de asalto, como el AR-15 con el que Nikolas Cruz sembró la muerte, parte en dos a la opinión pública. Es el reflejo de una nación tan polarizada ideológicamente que ha hecho del apoyo y el rechazo a las armas su nuevo ADN político, según el experto demoscópico Nate Silver: «Más que por la raza, la religión o el género, hoy es más fácil identificar así a un demócrata y a un republicano».

Partiendo de una exigencia mayoritaria de que el Congreso y Trump tomen medidas de control, que aglutina a seis de cada diez entrevistados, la encuesta publicada ayer por «The Washington Post» sólo muestra consenso a la hora de impedir la compra a personas con alguna perturbación mental. Sin distinción de ideología, el 80% se muestra partidario. A partir de ahí se abren las desavenencias, y entre ellas la radical división de los norteamericanos sobre medidas que impidan tan asequible compra de fusiles de asalto, como fue el caso de Nikolas Cruz. Un 50% apoya la restricción, frente a un 46% que la rechaza.

Opinión compartida
La historia reciente muestra una llamativa evolución de la opinión pública estadounidense sobre las armas semiautomáticas. Su compra estuvo prohibida para el gran público, o, al menos, su acceso mucho más restringido, entre 1994 y 2004. La aprobación de las medidas de control estuvo precedida de un cambio de tendencia al que contribuyó el intento de asesinato a tiros contra el presidente Reagan en 1981. Durante la década de los 80, buena parte del republicanismo participó de la convicción de que había que limitar el acceso a las armas más letales. Trece años más tarde, el Congreso aprobaría la restricción, en una de las escasas veces que republicanos y demócratas han sumado mayoría para controlar las armas y que la Asociación Nacional del Rifle ha sido derrotada en su incesante trabajo de lobby.

Aunque fue temporal. Diez años después, el Congreso puso fin a las trabas. El creciente enfrentamiento ideológico durante los mandatos de George W. Bush y Obama ha abonado un cambio en la opinión pública. Si en 1999, siete de cada diez republicanos e independientes aún respaldaban la prohibición de las armas de asalto, hoy la apoya sólo el 45% de los independientes y el 29% de los republicanos. Lo que contrasta con un 71% de los demócratas.
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