Fragmentos traducidos por “El Insignia” de “thebubble.com”

El acoso callejero es una forma de violencia de género. Irónicamente, al ser un hecho que ocurre diariamente a mujeres en todo el mundo, esta forma de agresión patriarcal se ha normalizado. Las encuestas tomadas por Acción Respeto, una organización feminista argentina dedicada a erradicar el acoso callejero y a educar al público para prevenirlo, muestran que el 94% de las mujeres encuestadas han sufrido el acoso callejero. Además, las encuestas tomadas por MuMaLa – otra organización feminista en Argentina – reafirmaron que el 100% de las mujeres tienen que enfrentarse a situaciones de acoso callejero durante gran parte de su vida.

Pero.. ¿ Por qué? 

(…) Dado que el espacio público ha estado tradicionalmente dominado por los hombres, refleja una dinámica de poder derivada de la desigualdad de género. El género masculino gobernó los espacios públicos durante miles de años. A medida que los movimientos de derechos de las mujeres ganaban más y más batallas, el género femenino progresivamente comenzó a liberarse de los roles domésticos que sirvieron como único propósito en la vida de una mujer.

Conseguimos derechos sobre nuestros cuerpos, nuestra economía, nuestros trabajos, nuestros estudios y nuestras ideas. Rompimos las cadenas domésticas y salimos, literal y simbólicamente, a la esfera pública. Caminamos las calles por nosotras mismas, montamos transporte público, etc. Llenamos cargos en las administraciones públicas, en los gobiernos, en los asuntos estatales.

Sin embargo cuando un sujeto (o un género) disfruta de la desigualdad, la igualdad se siente como una pérdida: una pérdida de poder, una pérdida de espacio físico – lo que simboliza su dominación de género- . Entonces se rebela ejerciendo violencia para recuperar lo que se “quita” de ella.

Una de las formas en que el género masculino reclama la esfera pública es a través del acoso callejero. El acoso callejero es interpretado como violencia “correctiva”. El tipo de violencia que tiene un propósito específico: disciplinar a las mujeres para que vuelva al hogar. Busca recordarnos que no pertenecemos al espacio público, que debemos sentirnos inseguras, ya que las calles no son un espacio en el que podamos circular libremente. Cuando un hombre desconocido se siente con derecho a comentar sobre nuestros cuerpos, nuestra apariencia – sin tener en cuenta si queremos participar en esa interacción forzada o no- lo que realmente está diciendo es: “Porque estás en el espacio público, sos propiedad pública . No sos una persona, sos un objeto. Y dispondré de vos de cualquier manera que yo quiera “.

(…) El acosador tiene que, unilateralmente, forzar su opinión sobre la mujer de su elección. Esa es la manera adecuada de recordarle que su integridad y su seguridad penden de un hilo. Y esa amenaza es el precio que paga la mujer por salir de la cocina. Dado que el acosador es alguien que no conocemos -y ya ha dejado claro que puede superar los límites de nuestro consentimiento- no tenemos certeza de cuánto más puede aumentar la violencia. No sabemos si sólo nos comentará, nos perseguirá, nos tocará, nos violará, nos golpeará o nos matará.

El resultado final de este terrorismo sexual es que las mujeres se sienten amenazadas, inseguras, inciertas, asustadas y limitadas. (…) El vínculo entre controlar el cuerpo de las mujeres y la hegemonía de los espacios públicos nunca ha sido más claro. Pero las mujeres estamos preparadas para luchar. Acción Respeto ha estado trabajando durante casi 3 años para erradicar el acoso callejero, crear conciencia a través de la educación, campañas, compartir testimonios, aconsejar a las víctimas y empujar las leyes para penalizar el acoso callejero.

Estamos recuperando las calles.

Juliana Santarosa Cobos

LEAVE A REPLY

Please enter your comment!
Please enter your name here