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Auxiliares de Comercio

Los agentes auxiliares de comercio son aquellas personas que colaboran directamente en la actividad jurídica o contractual del empresario.
AUTONOMOS: Son los que colaboran con el comerciante en forma independiente, sin que exista entre ellos y el comerciante una relación de subordinación, esta actividad puede estar regulada por el Código de Comercio o por leyes especiales.
SUBORDINADOS: Son los que están vinculados con el comerciante a través de un contrato de trabajo, existiendo entre ellos una relación de subordinación:
INTERNOS (TRABAJAN DENTRO DEL ESTABLECIMIENTO).
EXTERNOS (TRABAJAN FUERA DEL ESTABLECIMIENTO).
REMATADOR –MARTILLERO
Según la historia la Subasta debe su nombre etimológicamente a la conjunción de las palabras SUB (debajo) y ASTA (lanza), ya que en la antigüedad un Soldado convocaba a comprar y ponerle precio a los bienes a través de clavar su lanza en el suelo, debajo de la cual se ubicaban los artículos que se venderían.
Por ejemplo en la Antigua Grecia las primeras subastas habrían tenido lugar en Babilonia aproximadamente en el año 500 antes de Cristo. En aquella época las subastas ocurrirían anualmente y en ellas se venderían mujeres aptas para casarse. En cambio durante el Imperio Romano la Subasta debería su origen a que como los bienes obtenidos como consecuencia de las conquistas de pueblos no tenían un precio determinado, se convocaba al público a pujar por ellos, obteniéndose así un valor determinado por los mismos además de dinero para continuar con la expansión del Imperio.
En la Argentina, cuando éramos colonia de España, el testimonio más antiguo de subasta es el acta del Cabildo del 9 de abril de 1589.

Nuestra historia cuenta con varios próceres ilustres que fueron martilleros. Entre ellos, Bernardino Rivadavia, benjamín de los martilleros porteños con 29 años, quien subastó el 16 de febrero de 1809 la fragata “Juan Federico”, que compró Nicolás Achával.
El doctor Carlos Pellegrini, tras dejar la Presidencia de la República, fue martillero de hacienda por un tiempo prolongado.
El remate, subasta, almoneda o venta en martillero, puede ser particular o judicial. En ambos casos la puja debe dirigirla un martillero público designado previamente a tal efecto.
En los remates particulares, los martilleros o rematadores deben regirse por las disposiciones que estatuye el Código de Comercio y las leyes complementarias que reglamenten la profesión.
Las subastas judiciales pueden ser provenientes:
De juicios litigiosos, por lo que se produce la expropiación forzosa de los bienes del demandado.
De las que tienen por objeto la venta voluntaria.
Para esas subastas, el martillero deberá gobernarse por las leyes procesales del lugar, considerándose al Código de Comercio con carácter supletorio para estos casos.
Juicios que originan subastas
El remate judicial surge, en principio, del proceso de ejecución de sentencia, el que a su vez tiene origen, bien sea en el proceso de conocimiento o en el proceso de ejecución.
Es necesario aclarar que la terminología empleada procede del Código Procesal vigente. Además, el remate judicial puede tener su origen en el procedimiento universal, sea promovido por concurso civil o sucesiones.
Nombramiento judicial
La designación de martillero en un juicio se produce a los efectos de que el acreedor ejecutante perciba de manera legal –por intermedio del remate de los bienes de la propiedad del deudor- la suma suficiente para cubrir en su totalidad, o en parte, la deuda que dio origen a la acción incoada.
En los juicios sucesorios, cuando la división en especie resulte prácticamente imposible por su naturaleza o cantidad, y sus herederos, mayores de edad no se pongan de acuerdo, se procederá a la venta de los bienes en subasta pública, salvo que los interesados, luego de inscribir la declaratoria de herederos, resuelvan de común acuerdo vender en forma privada. En éstos casos se aplicarán las normas de práctica para la venta común de un bien condómino.
El Art. 726 de Código Procesal prevé el caso de que todos los herederos estén de acuerdo estatuyendo que podrán formular la petición y presentarla al juez para su aprobación.
Se ha dicho, que la designación del martillero se efectúa en beneficio del acreedor porque es el único recurso que la ley concede para expropiar los bienes embargados para extinguir la deuda reclamada.
Deberes legales de los martilleros:
Son obligaciones de los martilleros conforme al art. 9 de la citada ley 20.266
1) llevar los “libros” a que se refiere el art. 17 de la ley 20.266 (inc.) a) –diario de entradas (de bienes recibidos para su venta) y diario de salidas (de ventas), y el de “cuentas de gestión”, que documenta las realizadas entre el martillero y cada uno de sus comitentes-;
2) comprobar la existencia de los títulos invocados por el legitimado para disponer del bien a rematar, y tratándose de inmuebles constatar también el estado del dominio (inc. b);
3) anunciar los remates con la publicidad necesaria, indicando su nombre, domicilio especial y número de matrícula, e igualmente la fecha, hora y lugar del remate, con la descripción y estado del o los bienes y sus condiciones de dominio (art. 9 inc. d) ley 20.266);
4) realizar el remate en la fecha, hora y lugar señalados, explicando en voz alta antes de comenzar la subasta las condiciones legales, cualidades del bien y gravámenes que pesaren sobre el mismo, aceptando posturas solamente cuando se efectuaren de viva voz (art. 9 incs. e) a g) de la ley 20.266);
5) suscribir con los contratantes, previa comprobación de su identidad, el instrumento que documente la venta, en el que constaran los derechos y obligaciones de las partes (art. 9 inc. h) de la ley 20.266);
6) percibir del adquirente en dinero efectivo, el importe de la seña o cuenta de precio, en la proporción fijada en la publicidad, otorgando los recibos correspondientes (art. 9 inc. i) de la ley 20.266); y
7) rendir cuentas y entregar el saldo resultante dentro de los cinco días de celebrado el remate (arts. 9 inc. j) y 19 inc. g) de la ley 20.266).-

Naturaleza jurídica del contrato que celebran los martilleros:
Al igual que los “corredores”, el contrato que habitualmente concluyen los martilleros es asimismo de “locación de obra”, o, en todo caso, un contrato sui generis muy similar a aquél: consistente en realizar una venta en pública subasta, válida y eficiente
Requisitos del Rematador o Martillero:
• Ser Mayor de edad – 18 Años
• No estar Inhabilitado
• Poseer Título
• Inscribirse – Tener Matrícula
• Constituir una Garantía
• Domicilio de más de 1 Año donde quiera o vaya a ejercer

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